El chantaje que arruinó al PP

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Photogenic / Claudia Alba

22 feb 2022 . Actualizado a las 09:10 h.

Tuit de Pablo Casado del 27 de mayo del 2020: «Sánchez como Nerón lleva dos meses tocando la lira viendo arder todo y culpa a los demás del incendio». Menos de dos años después, el PP arde por los cuatro costados. No sé si esta vez Sánchez, a dúo con Abascal, tocan la lira o contemplan extasiados el espectáculo. Pero sí está perfectamente identificado el pirómano y sus intenciones. Así como Nerón no dudó en liquidar a su madre y a su hermanastro, un bisoño Casado se propuso achicharrar a su propia criatura política que, ya emancipada, se le subía a la chepa. Y salió escaldado: él será la primera víctima del voraz incendio que desató.

El papel de Casado en esta historia de corrupción, chantaje y espionaje en grado de tentativa ha sido penoso. El de un chantajista de poca monta: Isabel, o das un paso atrás o hago públicos tus chanchullos familiares. Incluso el chantaje, para que funcione, requiere oficio y profesionalidad. Hay que ponerse en la piel de la presunta víctima y estimar en cuánto valora los documentos comprometedores. Cuánto le asusta la cabeza del caballo entre las sábanas o la divulgación de los contratos fraudulentos. Si el chantajista se equivoca en la valoración, si al extorsionado le importa menos la foto con las manos en la masa que el precio del rescate, está perdido: no consigue el botín pretendido y su huesos acabarán en la cárcel o el exilio.

Fue lo que sucedió. Díaz Ayuso, convencida de que la mejor defensa es un buen ataque, rompió la baraja. Salió a la palestra a denunciar que la dirección de su partido la estaba extorsionando. Y concitó una enorme corriente de simpatía, a la vez que llovían chuzos de punta contra Génova y el traidor Pablo Casado.

Todavía, al avistar la primera llamarada, pudo el pirómano salvarse de la quema. Le bastaba con buscar un chivo expiatorio, convocar a Ayuso y ofrecerle la cabeza de García Egea en bandeja de plata. Sufriría quemaduras, sin duda, pero optó por suicidarse a lo bonzo ante los micrófonos de la Cope: «La cuestión es si es entendible que el 1 de abril, cuando morían en España 700 personas, se puede contratar con tu hermana y recibir 286.000 euros de beneficio por vender mascarillas». Para muchos, efectivamente, no resulta comprensible, pero sospecho que para sus acólitos la corrupción no pasa de ser un pecado venial. Perdonable y sin gran coste electoral. Y, además, lo primero es la famiglia.

El incendio lleva días arrasando los bosques del PP. Y andan los barones, atónitos ante la magnitud de la tragedia, en busca de un bombero que extinga las llamas. Sus ojos están puestos en Galicia y en la figura de su presidente, Núñez Feijoo. No seré yo quien discuta el acierto de la elección. Entre los rostros reconocibles del PP, Feijoo es sin duda su activo más valioso. Lo que sí pongo en duda es que el deseado acepte abandonar su cómodo refugio y meterse entre las llamas para reconstruir, en terreno cainita, una alternativa de Gobierno. Y será una pena porque, entre los escombros del PP, se vislumbra el hocico del monstruo.