Las botas nuevas de Pere Aragonès

OPINIÓN

El verano oficial es historia. Lo sabe hasta Pedro Sánchez, que en plena crisis afgana compareció en alpargatas, otro éxito de su gabinete de comunicación, y ahora ya anda de zapato de vestir de hito en hito gubernamental. En un suspiro y una gota fría hemos pasado de aquellas alpargatas a esos zapatos y a las botas de montaña de Pere Aragonès. Que estas sean nuevas del trinque no hablan demasiado bien del presidente de la Generalitat. Claro que no es delito ir de estreno a una catástrofe, pero su presencia así parece un poco pose, la cosa canta a demasiada moqueta y referendo. Aragonès pasa revista a los destrozos en Alcanar (Tarragona) mientras un afectado le pasa revista a él. Lata de cerveza en mano, el hombre de las katiuskas tiene pinta de todo menos de ir a pedirle un autógrafo. Las katiuskas también son de todo menos nuevas. Y ahí está el quid de la cuestión de la desafección hacia la clase política: el pueblo estrenando desgracias; los que gobiernan, calzado.