Si son ciertas todas las informaciones que han salido de boca de su pequeño del alma, Isabel Pantoja tiene una conducta más que reprobable. Pero por muchos errores que haya cometido en su vida, nadie debería estar expuesto a este linchamiento informativo. A Pantoja se la ha arrojado a los leones porque ella siempre es rentable. Tanto si sale en pantalla para limpiar su imagen —véase cuando participó en Supervivientes— como si se destapan todos sus trapos sucios. Lo que no se puede negar es que ella siempre triunfa. No en vano, Telecinco lleva liderando la audiencia de los tres últimos viernes de noviembre, a pesar de la dura competencia que tiene en Antena 3 —el primero reventó la máquina al reunir a 3,7 millones de espectadores con Kiko Rivera haciendo él solito el programa, en el segundo fueron casi 3 millones de espectadores y el pasado viernes, 2,7—. Y mientras esto siga así, se seguirá hablando de ella a todas horas. Será la mala o la buena útil, en función del viento que sople a favor. Ahora toca ser la mala. La que tiene que dar carnaza y un buen espectáculo sangriento porque el público quiere olvidarse por unas horas de sus problemas. Luego, ya decidiremos si levantamos el pulgar para perdonarle o no la vida en la arena. Pero ella es capaz de resurgir de sus cenizas y convertirse en la Espartaco del siglo XXI para dar la estocada final. A lo mejor, es César el que acaba siendo ajusticiado.
Comentarios