Síndrome posvacacional

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

16 ago 2019 . Actualizado a las 10:22 h.

En un país como España, con casi 3.300.000 parados, quejarse del trauma que a uno le produce volver al trabajo es, cuando menos, una falta de solidaridad con aquellos que se ven obligados a estar todo el año pasándolas canutas por carecer, precisamente, del trabajo que a algunos tanto descoloca. Una cosa es que a todos nos parezcan cortas las vacaciones, pero otra muy distinta es pillar una depresión de caballo por tener que volver a ganarse los garbanzos. Cuando las vacaciones llegan a su ecuador y la tristeza empiece a llamar a las puertas de los aquejados por esta dolencia, que piensen en aquellos que estarían deseando tener trabajo aunque fuera sin vacación alguna. Esos que se deprimen por lo contrario. Por no tener sueldo, ni pagas extras. Por tener que acudir a comedores sociales para alimentar a unos hijos que pasan frío por no poder enchufar la calefacción y viven, mes sí y mes también, esperando la notificación de desahucio por resultarles imposible pagar el alquiler o la hipoteca. Esas personas a quienes la vida, y tanto político inepto, no han tratado excesivamente bien podrán enfermar de faringitis, tener una hernia de hiato o la próstata más grande de lo normal. Pero jamás serán diagnosticadas con ese supuesto mal denominado síndrome posvacacional.