Si algo le faltaba a Pedro Sánchez para forzar la repetición de las elecciones era una buena encuesta del CIS. Y la difundida ayer no es que sea buena para él. Es que es superlativamente buena. Es tan buena que resulta increíble. Es tan estupenda que, salvo que el señor Tezanos haga alguna matización, se convierte en una tentación suprema para mandar a hacer puñetas a Podemos y Pablo Iglesias, despreciar las abstenciones de las derechas que Sánchez invoca para quedar bien, decirle al rey que no tiene apoyos suficientes y que la llamada a las urnas aparezca en el Boletín Oficial. Si esa tentación asomó hace un mes cuando el mismo CIS le daba al PSOE un 39,5 % de intención directa de voto, ahora un 41,3 % se convierte en tentación irresistible. Y ya se sabe que las tentaciones están para caer en ellas.
Por eso conviene hacer alguna matización al entusiasmo que inunda Ferraz, la Moncloa y provoca el alborozo de sus portavoces. Primera: el barómetro pasado, el del 39,5 %, no resultaba creíble por la fecha en que se efectuó el trabajo de campo: cuando un Sánchez ganador de las elecciones generales de abril y las municipales y autonómicas de mayo se veía rodeado de una aureola de ganador. Segunda: el trabajo de campo de este último se empezó a efectuar hace un mes y terminó el 11 de julio, cuando se hablaba de negociación con Podemos y no existía el clima que hoy existe de rechazo a las elecciones y de crítica a Sánchez e Iglesias, precisamente los beneficiados de la encuesta, por su fracaso. Y tercera: siempre cabe la posibilidad de que el método de estas encuestas no sea utilizado solo para conocer los estados de opinión, sino para crearlos, que es la tesis que defiende el Partido Popular.
Como casi nadie se fía de la política y los políticos, podemos estar ante un vaticinio realista de lo que ocurrirá en las urnas o una descarada manipulación, vaya usted a saber. Pero también con una evidencia: siempre se dijo que una encuesta es la foto de un momento; lo que realmente importa es la tendencia, y la tendencia de los barómetros del CIS dice que el PSOE tenía en mayo el 36,5 % de la intención directa de voto, en junio el 39,5 % y en julio el 41,3 %. La tendencia es, pues, de subida y además muy rápida, por no decir vertiginosa, un punto porcentual cada mes, frente al estancamiento o caída de los demás. Con lo cual, si al final no hay mayoría de investidura posible, ni hay más remedio aparente que volver a votar, ya lo saben ustedes: la culpa es de las encuestas. Y, en todo caso, quien se lo tiene que mirar es la derecha: se mantiene estático el PP, el PSOE le arrebata a Ciudadanos tres puntos y Vox también pierde. La mayoría social es de izquierdas. Y subiendo sin parar.
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