«Bruselas asesta otro revés a Puigdemont al rechazar una iniciativa que pedía sancionar a España por ‘‘vulnerar sus derechos’’. Si la UE tenía que haber actuado es cuando se vulneraron los derechos de la oposición, aseguran fuentes comunitarias». «Duro revés de la Justicia de la UE a Puigdemont al impedirle tomar posesión del euroescaño». «El Tribunal Constitucional avala que se haya usado el 155 para frenar a los independentistas catalanes. Rechaza los recursos de la Cámara catalana y de Podemos por la suspensión de la autonomía». «Puigdemont claudica y evita ir a Estrasburgo ante el temor a ser detenido y enviado a Madrid. Su escaño en el Europarlamento quedó vacío al no haber realizado los trámites en Madrid para recoger el acta»: todos son titulares de La Voz de los tres últimos días.
Mientras Tezanos, como Bertrand du Guesclin, ni quita ni pone rey pero ayuda a su señor con un sondeo vergonzoso y mientras Sánchez trata de engañar a todo el mundo, quizá barajando ya la opción de seguir en funciones sine die, hay en España y fuera de España quienes hacen cabalmente su trabajo. Mientras TVE emite una entrevista con un exmiembro de ETA que va al plató a insultar a los miles de víctimas de una banda sanguinaria y Zapatero juega con las palabras para explicar que defiende el indulto a los separatistas insurrectos solo para hacer cumplir la ley, hay en España y fuera de España quienes hacen cabalmente su trabajo. Mientras Podemos juega a la ruleta rusa, Ciudadanos a las siete y media, el PP a la pita ciega y el PNV le toma el pelo al país entero con un lema (la bolsa o la vida) que ha sustituido a su tradicional «Dios y leyes viejas», hay en España y fuera de España quienes hacen cabalmente su trabajo.
Y es gracias a la profesionalidad de la Comisión Europa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Tribunal Europeo de Justicia, el Parlamento Europeo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y la Junta Electoral Central frente a las delirantes pretensiones del secesionismo catalán que está siendo posible no solo parar en seco la estrategia separatista de ganar en Europa lo que pierde en España sino, también, desvelar las patrañas de quienes afirman que en nuestro país no hay democracia, que la justicia española es una farsa y que al nacionalismo se le persigue por motivos ideológicos.
Nada de eso es verdad, aunque lo proclame obsesivamente el secesionismo catalán y lo repitan como papagayos sus aliados podemitas y nacionalistas. La verdad, según se reconoce en toda Europa, es que España ha vivido una insurrección contra el Estado democrático, que los jueces juzgan con arreglo a la ley.
Un golpe de Estado dirigido por quien, además de un mentiroso patológico, es el prototipo del cobarde incapaz de asumir la responsabilidad de sus acciones. Puigdemont: un supuesto héroe épico convertido en el grotesco protagonista de una astracanada.
Comentarios