Diez

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

23 jun 2019 . Actualizado a las 08:37 h.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. Diez. Diez violaciones. En un portal. No fue un fiestón. Fueron diez violaciones. Diez. No fue abuso, fueron diez violaciones. No fue una película porno, fueron diez violaciones. Anales, bucales y vaginales. Diez. Así lo proclama por unanimidad el Tribunal Supremo que zanja con reproches la bochornosa peripecia en la que un juez de Pamplona llegó a considerar las diez violaciones de esta manada del San Fermín un jolgorio. O diez jolgorios. Así es. Un magistrado en activo dedujo que lo que la jauría del Prenda le hizo en un portal a su víctima era una secuencia en un filme de bukakes, una orgía con una mujer «relajada y distendida» sin atisbo alguno «de oposicio?n, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento, desconcierto o cualquier otro sentimiento similar».

Lo escribió en su voto particular un magistrado González a quien ahora censura a lo grande el Supremo en una sentencia que es mucho más que un acto de justicia; es también un alivio colectivo, un suspiro de tranquilidad porque el sistema tiene aún mecanismos para aislar al juez González, que es el mismo que en el 2015 le preguntó a una violada si había cerrado bien las piernas; el mismo que en Sevilla en 1779 envió a la hoguera a la última bruja, María de los Dolores López, por desobediente y persistente; el mismo que introdujo tras el golpe de Estado de Franco el «privilegio de la venganza de la sangre» que hasta 1963 autorizaba a los maridos españoles a matar a una mujer adúltera; el mismo que en 1976 juzgó a una en Zaragoza por irse con uno que no era su marido. Conocemos a los jueces González, hay que decirles que lo del portal de Pamplona fueron diez violaciones. Diez.