Dos petroleros atacados

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

14 jun 2019 . Actualizado a las 07:54 h.

Justo lo que le hace falta a Oriente Medio es agravar los conflictos existentes. Resultan más que suficientes la guerra civil en Siria, todavía no terminada pese a que la victoria de Bashar al-Asad gracias al apoyo de Rusia e Irán parece inminente; la guerra de Yemen, que sigue en plena vigencia; el recrudecimiento de la tensión en Irak por la creciente influencia de Irán; el gravísimo problema de los refugiados en Líbano y Jordania, del que ya no se habla, o el eterno conflicto entre palestinos e israelíes.

Y es que la triple cumbre que tuvo lugar en Arabia Saudí el pasado fin de semana con la celebración, por una parte, de la decimocuarta reunión ordinaria de la Organización de Cooperación Islámica, y, por otra, del encuentro de emergencia del Consejo de Cooperación del Golfo y de la Liga Árabe, demuestran que algo más de lo habitual se mueve en Oriente Próximo.

Está claro que la creciente influencia, cuando no directo posicionamiento, de Irán en Siria e Irak amenaza la primacía regional de la tendencia sunita del Islam liderada por Arabia Saudí; pero, sobre todo, hace que el equilibrio de poderes económicos y políticos de la región se tambalee. Irán no solo es un gran productor de petróleo, sino que la influencia que tiene ahora en Irak le coloca en una posición dominante en el mercado, debilitando el control de Arabia Saudí y sus aliados.

Y en este estado de máxima rivalidad, el no esclarecido incidente de ayer durante el cual dos barcos que transportaban gas desde Catar y Arabia Saudí -enemistados desde hace un par de años- fueron bombardeados, con el consiguiente incendio y huida de la tripulación, vuelve a poner sobre la mesa la cuestión del dominio marítimo del Golfo Pérsico, donde una ribera está controlada por los persas y la otra por los árabes. La chispa que puede prender una nueva mecha en este polvorín.