Reflexión sobre las cosas de comer

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Encajonado entre dos elecciones, antes de que nuestros políticos se enzarcen en la segunda vuelta -unos para subrayar su éxito, otros para tomarse revancha-, propongo echar un vistazo a las cosas de comer. La economía y el empleo. Las grandes preocupaciones de los españoles que, en boca de los candidatos, solo cobran protagonismo cuando los datos son incontestablemente positivos o rematadamente negativos. Si ni fu, ni fa, si las señales de alerta se entremezclan con signos de fortaleza, esos temas desaparecen de la agenda electoral: no les sirven al Gobierno para sacar las fanfarrias a la calle ni a la oposición para zurrarle la badana. No dan ni quitan votos, que de eso se trata.

Solo así se explica que la llamada desaceleración o ralentización económica -el agotamiento del ciclo de recuperación, que dirían los expertos- haya pasado de esguello, sin pena ni gloria, por la última campaña electoral. O que nadie, salvo los que lo tienen por oficio, haya reparado en los inesperados síntomas de reactivación perceptibles en el primer trimestre del año.

La economía española avanzó en el 2018 a tasas trimestrales del 0,5 o el 0,6 %. Y todas las previsiones indican que este año seguirá perdiendo fuelle. De ahí la grata sorpresa que nos depararon los tres primeros meses de este año: un crecimiento del 0,7 %. El aumento de una décima en las pulsaciones parece un logro modesto, pero pongámoslo en valor. Primero, ese ritmo no se registraba desde el último trimestre del 2017: rompe la racha decreciente. Segundo, no se trata de un dato a contracorriente del contexto europeo: la economía de la eurozona creció un 0,4 % hasta marzo, el doble que en el trimestre precedente. Y tercero y más significativo: ha sido la inversión empresarial la impulsora del PIB: una promesa, por tanto, de continuidad en trimestres sucesivos.

Efectivamente, la formación bruta de capital se acrecentó un 1,2 % en el primer trimestre. Y dentro de esa rúbrica destacada la compra de maquinaria y bienes de equipo, con un aumento del 3,8 %. Las empresas se preparan para producir más, porque confían en relanzar sus ventas. Esperan un aumento del consumo y de la exportación. Apuestan por el futuro con su dinero, no solo de palabra en las encuestas sobre expectativas.

Al lado de la inversión palidecen los demás componentes de la demanda. La exportación sigue flojeando, en línea con la contracción del comercio mundial, pero las importaciones caen en mayor medida. Y el gasto en consumo solo creció un 0,4 % en el trimestre, lo cual no supone una noticia necesariamente negativa: indica que las subidas salariales, incluido el estirón del salario mínimo, se dedican de momento a levantar el alicaído espinazo del ahorro.

El rebrote ofrece su lado más risueño en el empleo. La economía española sigue creando más de medio millón de puestos de trabajo al año. Y la afiliación a la Seguridad Social en abril, que levanta el volumen de empleo al nivel de julio del 2008, indica que entramos con buen pie en el segundo trimestre del año.