La torpe campaña de Casado y Rivera

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Emilio Naranjo

09 abr 2019 . Actualizado a las 08:31 h.

Cuando faltan tres días para que comience oficialmente la campaña, se puede decir ya que la estrategia política que están llevando a cabo el PP y Ciudadanos es un desastre. Resulta inconcebible que después de lo que ha sucedido en España durante los últimos nueve meses, en los que Pedro Sánchez ha dedicado más tiempo a defender y a hacer concesiones a quienes han perpetrado un golpe antidemocrático en Cataluña, a regar de millones al nacionalismo vasco y a pastelear incluso con los herederos de Herri Batasuna, que a defender los intereses y derechos de los españoles insultados y humillados cada día por los secesionistas, los sondeos indiquen que el PSOE sigue subiendo mientras PP y Ciudadanos permanecen anclados en unos pobres resultados.

Si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez se ha apuntado a las conocidas tesis del que fue sociólogo de cabecera de Rajoy y Aznar, Pedro Arriola, que consisten en intervenir lo menos posible para no cometer errores y dejar que sean los rivales los que se estrellen con sus propias torpezas, habrá que concluir que lo que está sucediendo no es mérito del PSOE, sino incompetencia de sus rivales. Pablo Casado y Albert Rivera parecen no haber entendido que si ahora mismo están gobernando en Andalucía no es por la genialidad de sus propuestas, sino porque una gran mayoría de ciudadanos, de todas las ideologías, están hartos de ver cómo el independentismo no se conforma con violar la Constitución, sino que insulta cada día al resto de españoles, tachándolos de «bestias».

En lugar de sumar fuerzas para defender el constitucionalismo y la democracia desde posiciones moderadas y centristas, populares y naranjas se lanzan a una absurda radicalización derechista, permitiendo que el marco de la campaña lo esté fijando Vox, haciendo que defender la Constitución se identifique con ser de extrema derecha y enredándose en debates que no les aportan nada. Es ridículo que Casado insista en poner sobre la mesa el tema del aborto, que entre en las provocaciones de Abascal, que recupere a Aznar, que él y Rivera defiendan una involución del Estado autonómico y que se pongan zancadillas entre ellos mientras Sánchez observa divertido la pelea.

Denunciar la connivencia del PSOE con los enemigos de España, recordar cada día que dirigentes socialistas anuncian indultos preventivos a los golpistas, plantean un referendo de independencia en diez años o pactan apoyos con el ex etarra Arnaldo Otegi debería ser el eje común de la campaña del PP y de Ciudadanos. El drama que afronta España es la posibilidad, cada vez más cercana, de que su Gobierno acabe condicionado por sus peores enemigos y por quienes abominan de la Constitución. Pero eso debe ser combatido desde posiciones moderadas, capaces de aglutinar el mayoritario voto constitucionalista, sin que eso signifique dar alas al populismo de ultraderecha. O mucho cambian las cosas, o los mayores beneficiados de la torpe campaña de Ciudadanos y el PP acabarán siendo Pedro Sánchez y Santiago Abascal.