Roja

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

EUROPAPRESS

El telediario era un mar de corbatas y de trajes oscuros. Una imagen de fondo. Música de ascensor. Un entremés antes de la programación infantil. El relato de una España ajena y borrosa. De un Madrid que solo se miraba a sí mismo. Olor a naftalina. Estremecedor color sepia. Hombres decidiendo cosas. Y entonces, ella. Cruzó un día la pantalla del parte que siempre ponía la abuela. Ella, barriendo el gris marengo allí por donde pasaba. Alta, con una sonrisa enorme. En la mano, su cartera. Una melena roja. Siempre roja. Ministra, decían en aquellos telediarios tediosos que de repente, importaban. Por supuesto, hubo otras antes que ella. Mujeres que demostraban a las niñas de ocho años que se podía ser muy mujer. Y muy poderosa. Que parir no nos define. Que nuestras decisiones solo son nuestras. Que nuestro mañana teníamos que escribirlo nosotras. Que las cosas habían cambiado. Porque ya era hora.

De repente, en aquel océano descolorido, ella. La ministra Almodóvar. Convirtiendo el Congreso en una pintura de Roy Lichtenstein. Demostrándonos que el futuro nos pertenecía a nosotras. El discurso profundo. La falda muy corta. La cultura, con ella, importaba. El carmín siempre bien brillante. Feminista hasta la médula. Aunque el tocado sea estrafalario, en el fondo siempre acertaba. Siempre libre, nunca mala. Jamás sola. Carmen Alborch, ministra, maestra. La musa de todas.