Sabemos que los programas electorales mienten más que Pinocho en celo. Que poco o nada se cumplen de las promesas que escriben o fotocopian los partidos, todos los partidos. Pero el chalé de la pareja Montero-Iglesias tiene una lectura mucho más difícil que un programa electoral al confrontarlo con la realidad. Como ha dicho el alcalde de Cádiz afeándoles la decisión, él tiene pensado seguir viviendo en su piso de siempre, porque el compromiso con el ideario de Podemos así se lo dicta. «No quiero dejar de vivir en un piso de currante». Más claro agua de un río de Galicia, cuando los ríos eran ríos, no regatos cegados. Añade que, como prometió, no gana ni un euro más de lo que ingresaba como profesor de Secundaria. El resto lo dona a causas sociales. No hay ahorros para Kichi, donde hay decenas de miles de euros de ahorro para Pablo Iglesias, gracias al dinero que gana con las televisiones y con los libros. Ojo, es su dinero, pero el problema es lo difícil que resulta defender tanto esos ahorros de casta como el casoplón de Galapagar. ¿No debería Pablo Iglesias donar además de parte de su sueldo a la organización lo que gana a mayores, esos ahorros que le permitieron pagar semejante entrada de la hipoteca, derivado de su popularidad? Nada como el ejemplo para predicar. No es que los militantes de una organización de izquierdas tengan que vivir mal. Lo que tienen es que vivir como le reclaman a todo dios. Encima Montero e Iglesias siempre han llevado su actividad política al terreno de los sentimientos, la defensa de la gente, estamos con la gente. Ahí es donde se topan con que no han podido meter más la pata. Es un error mayúsculo que les costará tantas papeletas como euros la casa con piscina y cocina como la de Bertín. No se trata de criticarles por mejorar en la vida, a lo que tienen todo el derecho en el sistema capitalista en el que viven. Pero es que ellos atacaron ese sistema capitalista desde el minuto uno. Era mucho más auténtico el Iglesias que estaba feliz en su piso de Vallecas que el que se trasladará con su familia a una buena zona del norte de Madrid. Tendrá mucho tiempo en los atascos, si no va en coche oficial, claro, para pensar en ello. La carretera de A Coruña es infernal para moverse. Cuando se basa una acción política en la emoción, se entra en el terreno de los sentimientos y cuando no se cumple, lo que se hace se llama simple y llanamente traición. Es así. No puedes intentar defender a la gente corriente viviendo como la gente muy poco corriente. Es un camelo. Si conviertes la política en un asunto de cercanía, del corazón, cuando le fallas a la gente lo que haces es partirles ese corazón que les reclamabas para echar a la casta de una vez. En política no es relevante la vida privada, siempre y cuando tú no te hayas dedicado a señalar la vida privada de los demás, una y otra vez. No es un problema de ideología, es solo coherencia. A ver qué deciden las bases.
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