Estupendos 75 años de «El Principito»

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

17 abr 2018 . Actualizado a las 07:51 h.

El corazón ve mejor que los ojos. En la mirada del corazón está todo. Faltan seis días para celebrar las letras, con Cervantes y Shakespeare empapando el mundo de tinta y así es que me apetece recomendarles El Principito, ese libro que se resume en que, en efecto, el corazón reconoce, observa, mira y comprende mucho mejor que los ojos. Falta nos hace el metrónomo del corazón en este universo de locos. Cuando los misiles sustituyen a las palabras hay que volver al único refugio atómico que, de verdad, funciona: el de los clásicos. El aviador Antoine de Saint-Exupéry publicó por primera vez en Nueva York, en francés y en inglés, su principito, ese cuento para todos los públicos. Que hiere y toca por igual a niños, a adolescentes, a adultos y a mayores. Y lo editó el 6 de abril de hace 75 años. Son estupendos los 75 años que cumple El Principito en prime time. No hay duda: más de 150 millones de ejemplares vendidos en más de trescientas lenguas. Es el libro más traducido después de la Biblia. Unos pocas páginas que son contagiosas, que llevan el virus del entusiasmo a quien lo lee. Un pequeño príncipe que vive en un asteroide B 612 y que cuida una rosa y tres volcanes, uno de ellos en extinción, por si acaso. Dicen que las obras de arte que pasan la prueba de los niños son las más grandes. Y así pasa con esta historia que contiene la dupla mágica de la inocencia y la ternura. Ese pequeño príncipe decide hacer algo que siempre es necesario en la vida; viajar para conocer. Y conoce en otros planetas a un Rey, a un vanidoso, a un bebedor, a un hombre de negocios que solo sabe contar, a un farolero, a un geógrafo y, ya en la Tierra, a un aviador. Todo le fascina. Y, cada vez que habla, educa. Suelta frases el pequeño príncipe, digo el autor, que se han convertido en carteles. Hoy esas sentencias, que no sentencian a nadie, serían los tuits más tuiteados si no estuviéramos en un mundo que premia el ingenio sin genio, la mordacidad que solo muerde. Por ejemplo, copien estas dos frases en el encerado un millón de veces y de peces: «En las tiendas no se venden amigos» o «¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!». De esos hallazgos increíbles de oro puro está hecho el mineral que pulió Saint-Exupéry. Y luego está lo que pasa en la Tierra. Con el desierto, el zorro y la serpiente, ay, la serpiente. Nunca es tarde para debutar con este libro y siempre hay que regresar a sus páginas. Uno de los mejores momentos de la vida es leérselo por primera vez a tus hijos. Algo tan sencillo. Una habitación, una cama, una lamparita y a empaparse el corazón.