Marzo no es mayo. No había entonces Facebook, ni algoritmos, ni big data, ni todas las posibilidades que las tecnologías de las que nos hemos ido dotando nos han proporcionado y, sobre todo, les han proporcionado a los que detentan el poder para adoctrinarnos y dirigirnos. Cambridge Analytica es la patita que asoma entre los instrumentos del poder. El poder de un capitalismo financiero que luego de provocar la gran recesión de 2007, ha encontrado su gran oportunidad convirtiéndose en un capitalismo tecnológico. Oportunidad de dominio desde el control y el adoctrinamiento.
Marzo no es mayo, entonces la desigualdad era un mal social. Nadie la defendía ni tampoco se resignaba. Los imposibles parecían al alcance de la mano. Tanto que aquellas victorias y derrotas permitieron transformaciones en los modos de vida y en las sociedades. Luego vinieron las revoluciones conservadoras, el dueto Thatcher-Reagan, y una hegemonía creciente del neoliberalismo. Hasta llegar a la desigualdad y la precarización de las clases medias, aquel logro de los estados del bienestar.
Han sido los ciudadanos quienes llevan años de crisis sosteniendo al país. Mientras se instala la desigualdad generacional que obliga a los jóvenes a vivir en la precariedad como trabajadores pobres, como autónomos y falsos autónomos, como becarios, con tanto contrato temporal o a tiempo parcial. Una desigualdad de género que sigue sometiendo a las mujeres. Una ruptura de un contrato social articulado también en torno a las pensiones para garantizar a los jubilados una vida digna, que ahora se ve precarizada.
Mientras los servicios básicos esenciales se encarecen, desde la electricidad a la sanidad, o los bancos les estafan, fruto de lo consentido a monopolios y negocios de concesión de lo público que detraen renta disponible de los hogares más pobres, haciéndoles pagar precios superiores a los reales por falta de verdadera competencia y regulación.
Porque han sido los hoy pensionistas, mujeres con trabajo y sin salario y hombres, quienes desde aquel 68 lejano, aquel 72 lejano, aquel 75 lejano, aquel 78 lejano -y ustedes elijan-, han rescatado al país de la dictadura, han construido un estado democrático y de un cierto bienestar, que la indecencia especuladora ha puesto en peligro. Mientras la ciudadanía de este país con su esfuerzo y con sus impuestos -pagan más los que tienen nómina-, ha tenido que rescatar al sistema financiero, las infraestructuras que fueron negocio y no servicio, las concesiones de lo público mal gestionadas... Y ahora, con dolor y rabia, sostener a sus hijos y a sus nietos.
Hoy son las mujeres quienes, en una nueva nación incesante, tomaron las calles con el propósito de no tener miedo a caminar solas. Junto a ellas la movilización pensionista. Aquel mayo fueron los jóvenes. Marzo no es mayo, pero ahí sigue el futuro. Para el que se necesita tiempo, talento y esfuerzo.
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