Es difícil entender el anuncio de Rajoy: «Desde los poderes públicos debemos incentivar que el ahorro piense en el largo plazo. Un ahorro con un horizonte temporal prolongado, que sirva como complemento de la pensión pública pero también de otros planes vitales, como la educación de los hijos …». Tal anuncio parece franqueza descarada o una temeraria seguridad en sí mismo y en la debilidad de las alternativas políticas.
No es cierto que los trabajadores españoles no hayan ahorrado. A lo largo de muchos años, han entregado la cuota de su salario para la seguridad social, que incluye las pensiones. Incluso hubo un Gobierno que creó un fondo soberano de inversión, el llamado fondo de reserva, en el 2000, con un capital social de 600 millones, que 8 funcionarios, con ayuda del Banco de España, han estado gestionando hasta obtener un valor en el 2011, de 68.000 millones, con rentabilidades anuales superiores al 90 % de los fondos de inversión privados -aún siendo gestionado por los habitualmente poco reconocidos funcionarios-, y que este Gobierno ha desecado.
Si Rajoy y su Gobierno quieren incentivar el ahorro, podría ocurrírseles que, además de la inversión por cuota, los españoles pudiéramos invertir en el Fondo Soberano del Reino. O diferenciar la escala impositiva del IRPF para los pensionistas que ya tributaron por su salario y a la seguridad social, algunos solidariamente por un salario que puede ser hasta un 60 % superior a la pensión máxima que tendrán.
Por eso no sorprende que los mayores, pensionistas, se hayan plantado en las calles. Y seguirán. Llevan diez años de crisis sosteniendo al país. Mientras los servicios básicos esenciales se encarecen, desde la electricidad a la sanidad y los bancos les estafan, ellos sostienen a hijos y nietos. Y si el país va bien, que dicen Rajoy y los suyos, y las cuentas de resultados de las grandes empresas también, ellos siguen congelados y menguados.
El PP tuvo en el 2016 unos 8 millones de votos; de ellos, unos cuatro millones son de ciudadanos mayores de 65 años. Los votaron porque tienen una paciencia infinita y porque no veían mejor alternativa. A pesar de todo, incluso de que a Rajoy y a otros dirigentes políticos les pareciera necesario tener dos sueldos, uno de diputado y otro del partido, para vivir. Ahora los pensionistas están en la calle y llega Montoro al rescate: anuncia un indeterminado de demagogia.
Y es en esos cuatro millones de votos de mayores más aquellos otros 2,5 que votaron al PSOE, donde la reivindicación pensionista alcanzará la dimensión política. La generación de la posguerra y la generación del reformismo, finales de los años 50, se hartan. De la mala política, del maltrato político.
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