Todavía hoy plantaría un árbol

María Xosé Porteiro
María Xosé Porteiro HABITACIÓN PROPIA

OPINIÓN

10 ene 2018 . Actualizado a las 08:54 h.

Le pedí a las reinas magas que me trajeran un lote de buenas prácticas para aportar mi granito de arena a que las niñas y los niños del mañana sigan viviendo en un medio natural tan privilegiado como el que yo recibí. Me han dejado una libreta llena de buenos propósitos que se parece mucho a la de años anteriores, basados en la fórmula de las tres erres: reducir, reutilizar, reciclar, y me he puesto a la tarea.

Con el cristal y el papel resulta más fácil pero los plásticos son muy complicados y están por todas partes: alimentos, productos de limpieza, envoltorios de todo tipo... el embalaje de lo cotidiano sigue estando hecho a base de petróleo y hay escasas garantías de que su reciclaje se haga correctamente. Vuelven las ganas de seguir con el cubo de toda la vida en lugar de ocupar la cocina con tres recipientes con bolsas de ¡plástico! amarillo, verde y azul. Por no hablar de esa nueva fuente de contaminación que consumimos con fruición y que se llama tecnología digital con el coltán como nueva espada de Damocles...

Pero sigo firme en mi propósito de actuar desde lo local para contribuir al objetivo global de cuidar al planeta porque cada uno de nosotros es un agente medioambiental en el día a día. Nuestro principal destinatario y gestor de residuos son los ayuntamientos que, según un reciente informe del Club de Roma, serán claves en la velocidad e intensidad con que siga avanzando el cambio climático. Para cumplir los retos del Acuerdo de París para 2050, nos advierte de que hay que dejar de considerar basura a los residuos domésticos y tratarlos como recursos de reutilización y reciclaje con los que realizar cambios sistémicos: Aumentar en un 25 % la eficiencia de los recursos; incrementar en otro 25 % las energías renovables en el llamado mix energético; alargar en un 50 % la vida útil de los electrodomésticos; y sustituir al menos en un 50 % la cantidad de las materias vírgenes en los procesos productivos para reemplazarlas por materia secundaria, recuperada en procesos de reciclaje.

Es probable que el desarrollo en un futuro inmediato suponga volver a métodos de los abuelos que vivieron la posguerra y nos contaron cómo se aprovechaba la ropa, que era pecado tirar la comida y que nadie necesitaba estar conectado 24 horas a un aparato electrónico. El próximo 6 de enero haré examen de conciencia pero mientras tanto, me apunto a la magia de lo posible mediante el cambio de hábitos y el compromiso colectivo. Porque, como Luther King, si supiera que el mundo se acaba mañana, todavía hoy plantaría un árbol.