Suu Kyi, el Nobel de la vergüenza

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

15 oct 2017 . Actualizado a las 10:30 h.

Cuando en 2003 presenté mi editorial en la feria del libro de Madrid, lo hice con un libro titulado Los días de Birmania, del escritor británico George Orwell, que narra la vida en una pequeña comunidad británica a orillas del Irrawadi, en un ambiente alcohólico y racista: Orwell, que había sido policía militar en aquel país, sabía de lo que hablaba. Entonces, el país asiático ya se llamaba Myanmar, ya era una dictadura militar y ya la opositora Aung San Suu Kyi se encontraba en arresto domiciliario. La comunidad internacional alzaba la voz por la libertad de la presa y los suecos le concedían el Premio Nobel de la Paz, que no pudo ir a recoger.

Luego vinieron las revueltas de los monjes budistas, la caída del régimen militar y, en fin, hace dos años las elecciones generales.

Una vez más se hizo justicia y Suu Kyi pasó del arresto al gobierno sin solución de continuidad. Por un tecnicismo legal -tener hijos extranjeros- no preside el país oficialmente, pero sí de facto, y es ahora la responsable de la persecución de los musulmanes de la etnia rohingya, que para no ser exterminados por los pacíficos budistas, huyen con lo puesto a Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo.

Esta es una nueva historia del lobo con piel de cordero, del odio que se esconde a veces tras la religión y el nacionalismo y, desde luego, una historia que el comité del Nobel debería cincelar en piedra a la entrada del ayuntamiento de Oslo -lugar donde se otorga el premio de la paz- para escarnio de la Humanidad.