La otra literatura

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

ndaba la literatura de capa caída desde hacía una temporada. Empezaban a escasear en la playa los que se llevan una novela. Hasta que han empezado a pasar cosas raras. Primero, el Nobel. Ese premio ya no es lo que era. Este año, en un arranque de locura, se lo han dado a un músico. Porque hay dementes que han considerado que lo que él hace es literatura. Después, empezaron a gritar los muros. Se desgañitaban los pasos de cebra. Una panda de lunáticos que escribían por la calle. Y se hacían llamar Acción Poética. Y ahora esto. Esto. Cómo han podido mancillarla de esta manera. Decenas de miles de personas enganchadas. A lo que contaba un chiflado en su cuenta. Que si estaba de vacaciones. Que si le desaparecía una camiseta. Que si un perturbado abría la puerta y le gritaba cosas sin sentido. Y en el papel higiénico encontraba la respuesta. Le han puesto hilo y se vanaglorian de que es creación. Cultura. Novela. El hombre alto 1. El otro Manuel, al que solo le falta aparecer hasta en la bañera. Hasta los de Netflix se han apuntado el tanto y vacilan con que hay que hacer una versión audiovisual, que la historia tiene tela. Ya era hora. Por fin. Tienen que entenderlo. Que no la pueden guardar en una cajita. Que no solo surge en el papel. Ni es solo poesía, ensayo novela. Que explota en cualquier sitio. En una farola. En la puerta de la nevera. Es literatura. Esta, la otra. Cualquiera.