Ala hora de la siesta, cuando parece que la televisión está bajita y no hay nada que perder, las cadenas se están mordiendo. Arañando como pueden esa franja para que los espectadores caigan rendidos a sus propuestas. El último movimiento lo ha hecho Televisión Española trasladando el horario de Acacias treinta minutos más tarde para poder entrar en duelo con su rival en Antena 3, El secreto de Puente Viejo, en una apuesta desbordada por los seriales. Lejos han quedado aquellos tiempos en que los programas de tarde se organizaban en torno a un buen sofá (el trono Deluxe no se había inventado) y otro tipo de tertulias. Entonces, los piques de la sobremesa eran de otra enjundia, con el humor que le ponían personas como Álvaro Pombo, Manu Leguineche, Lourdes Ortiz, o Luis Antonio de Villena. Qué programa aquel, Tal cual, que presentaba Manuel Hidalgo y que después del telediario conseguía mantenerte con los ojos muy abiertos en aquel ático tan cálido. Había música en directo, y el clima era el de unos amigos que se sentaban a hablar de sus cosas, aparentemente sin un guion establecido. Con esa pausa de Hidalgo que hipnotizaba al público, aun cuando pudiera parecer que los temas que trataban no eran de actualidad. Qué sustantivo tan abstracto. Y qué nostalgia da pensar en el año 1988, en el mejor magacín que se ha hecho en televisión y en las tardes que no volverán.