Perdone el Godwin

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez NO PARA CUALQUIERA

OPINIÓN

05 feb 2017 . Actualizado a las 08:50 h.

En «Los orígenes del totalitarismo» Hannah Arendt destaca que en los inicios de los partidos antisemitas del siglo XIX, en pleno derrumbe del orden del Congreso de Viena, mientras se forjaba un nuevo sistema de alianzas bajo el control del Canciller de Hierro en Prusia, mientras el movimiento obrero empezaba a urdir las primeras internacionales, ya estos grupos furibundamente nacionalistas y xenófobos celebraban encuentros internacionales, eran pioneros (qué ironía para unos chovinistas de este calibre) en llegar a acuerdos transnacionales. Arendt hablaba aquí aún de los inicios decimonónicos del racismo que llegaría al genocidio apenas un siglo después; pero incluso el señor Godwin, el autor de la ley de internet que establece que el primero en hacer una analogía hiperbólica con el nazismo en un debate pierde la discusión, incluso él ha tenido que salir esta semana a apuntar que no todas las analogías de este tipo están fuera de lugar.

La conjunción de la victoria del Brexit en el Reino Unido y la de Trump en Estados Unidos ha disparado la euforia de numerosos grupos, principalmente racistas en todo el globo, y de euroescépticos en el seno de la UE que sueñan con encadenar con Le Pen en Francia un triunfo más que remache su camino hacia la promoción de un nacionalismo reaccionario que amenaza cada vez con voces más altas numerosos derechos civiles. Están organizados y coordinados, toman las estrategias de sus colegas que consideran exitosas como referencia para sus propias campañas, se copian lemas y comparten una misma pasión por llenar las redes de noticias tremendistas y falsas con las que hacer la más sucia propaganda contra minorías.  

La UE, como ha ocurrido en España, lleva demasiados años arrastrando una crisis económica que se ha convertido en una política, y en ambos lugares hay poco genio y ganas para afrontarla seriamente. Los partidos conservadores llevan años minando el proyecto europeo con el mensaje repetido de hacer de cada nación por separado un país «fuerte» en el conjunto mientras que nadie se ocupa de defender honestamente una Europa fuerte. La izquierda o lo que sea parece ser que ha desertado de todo y solo tiene interés en promover reyertas vecinales y la celebración de la atomización en grupúsculos a cada cual más puritano y menor.  

Muchos de los males que se endilgan a la UE corresponden en realidad a los consejos de primeros ministros nacionales, han desarrollado una extraordinaria virtud para vender como éxitos propios cualquier avance general pero tomar a la unión como chivo expiatorio de todo lo salga mal. Con estos mimbres tan rotos, con este yermo de ideas y de personal vamos a tener que hacer frente al renacer de una amenaza que se había dado por enterrada demasiado pronto. ¡Qué mala pinta!