Hay que agradecerle a Andreu Buenafuente que esta semana le sacara los colores al profesor y psicólogo Rafael Santandreu en su programa. Santandreu jugó a ser el «invitado perfecto» y se atrevió a enviarle un cuestionario por escrito, con las preguntas y respuestas clavadas, para que nada fallara en el show en directo. Andreu, como siempre, estuvo a la altura y lo primero que hizo nada más recibir a Santandreu fue hacer pública esas formas extrañas de comunicación -por desgracia cada vez más comunes- en las que el entrevistado pretende suplantar el papel del periodista. Con el humor, el ingenio y con la valentía de Buenafuente, el profesor Santandreu quedó retratado ante los espectadores, gracias sobre todo a la excusa que dio ante el presentador: «Mi equipo y yo lo hacemos porque los periodistas hacen muy malas entrevistas. A veces hacen unas preguntas que uno no quiere responder».
Con esa natural soberbia de quienes se recetan a sí mismos en lugar de dejar que el médico les diga lo que tienen que tomar, cada vez son más los que se atreven a dirigirse a los medios con este tipo de exigencias. Actores que solicitan que solo se les pregunte por su película en promoción, políticos que quieren ver la entrevista antes de salir publicada, modelos que posan en una revista solo bajo la fórmula de la pregunta respuesta si previamente se ha enviado por escrito toda la entrevista... Buenafuente se lo ha tomado con esa delicada gracia de las cosas que te tocan las narices y mantuvo con inteligencia la conversación solo para darle una lección a su invitado: «La próxima vez confía en nosotros». ¡Cuántas veces toca hacer de psicólogos!