Carrero en el aire

Luis Ordóñez
Luis Ordoñez NO PARA CUALQUIERA

OPINIÓN

Carrero en el aire

15 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Casi un año después de que fueran detenidos, aislados y sus comunicaciones intervenidas, los titiriteros de «La bruja y Don Cristobal» han quedado definitivamente exonerados de la acusación del delito de odio, de una exaltación del terrorismo porque en un fragmento de la obra, una de las marioneta empuñaban una pancarta que rezaba «Gora Alka-ETA». Semanas después de esa detención, en el desfile de carnaval de Gijón, un policía advirtió a una ciudadana de que podría ocurrirle lo mismo por ir por la calle deambulando con un cartel que decía «Gora la Cuchufleta». Tendría que resultarnos cómico y patético si no fuera porque el encierro de los titiriteros fue totalmente real, como lo fue la amenaza a una gijonesa que hacía comedia en carnaval, esa fiesta que consiste precisamente en burlarse de lo convencional, de trastocar lo cotidiano con un disfraz. Pero unos policías, un juez y un fiscal, decidieron que esas pancartas eran una amenaza tan grave para la sociedad que debía aplicarse la pena más alta que contempla nuestra legislación, que es la privación de libertad.

Dos años y medio de prisión y tres más de libertad vigilada, es lo que reclama la Fiscalía de la Audiencia Nacional para una estudiante por hacer chistes de Carrero Blanco en su cuenta de Twitter. Debe ser que nos encontramos ante otra peligrosísima amenaza terrorista en forma de bromas, algunas tan viejas que llevan circulando por ahí desde finales de los años 70. No pueden pasarlo por alto, así de elevada es la pena que le reclaman, y por enaltecimiento del terrorismo; quizá habría que juzgar al idioma español al completo y a sus etimologías por lo complejo que es hablar de la voladura del coche del que fuera segunda figura de la dictadura sin hacer un juego de palabras.

Como parece que ni jueces ni fiscales en la Audiencia Nacional quieren tomarse en serio su propio trabajo (uno por el que están cobrando unos emolumentos a todas luces desproporcionados dado a las chorradas a las que se dedican últimamente) tendremos que hacerlo los demás. Porque es cierto que la tipificación de los delitos de odio es muy necesaria para proteger a colectivos que sufren una discriminación. Por eso debemos perseguir las burlas a desamparados, las que se hacen en nombre del racismo, del sexismo, de la homofobia; contra minorías, también contra víctimas del terrorismo (por cierto ¿qué pasó con los jóvenes que con la bandera rojigualda de capa le gritaban a Pilar Manjón que se metiera sus muertos por el culo porque no accedió a darle cancha a la teoría de la conspiración facha del 11M? ¿no eso ninguna humillación?). Pero lo que tenemos es que se persiguen bromas sobre un tiranicidio, mientras con total naturalidad, hay diputados y alcaldes del principal partido de centro derecha en España acudiendo a cenas homenaje de la Fundación Francisco Franco. Parece que está en el aire, que sobrevuela sobre todo esto, un cierto sesgo ideológico, que carga muy duramente contra unos y es más que permisivo contra los que hacen apología de la dictadura.