El recurso fácil de Montoro: impuestazo

Rubén Santamarta Vicente
Rubén Santamarta PAISANAJE

OPINIÓN

07 ene 2017 . Actualizado a las 08:49 h.

Dos mil setecientos días después, un 22 de diciembre del 2011, Cristóbal Ricardo Montoro Romero volvía allí donde había estado tanto tiempo. Al sillón noble del Ministerio de Hacienda. Regresó tras unas elecciones ganadas por su partido gracias, entre otras, a proclamas como esta del jienense: «No hay que subir los impuestos porque esto frena el consumo, la inversión, y nos hace menos competitivos; hay que hacer una bajada selectiva de impuestos a las pymes y a los autónomos, a quienes nos tienen que salvar de la crisis». Son palabras en un mitin en Málaga en octubre del 2011, recogidas por los medios locales. Montoro era entonces coordinador de Economía del PP.

Solo una semana después de asumir su cargo como máximo responsable de las cuentas públicas españolas, aparcado (por el momento, ya lo veremos después) el perfil mitinero, Montoro ejecutó en las Navidades del 2011 una de las mayores subidas de impuestos que se recuerdan. Para cumplir con el déficit, argumentó. Obligados por esa cosa abstracta llamada Bruselas; no somos nosotros, vino a justificar.

Aquella promesa -«¿Cómo es posible que el PP hable de bajar los impuestos? Porque ya lo hicimos en 1996», dijo en aquel mitin- se convirtió después en 45 incrementos retributivos (cálculo del Registro de Economistas y Asesores Fiscales, no de la oposición). Cinco revisiones del IRPF, cuatro de sociedades, dos del IVA, IBI, patrimonio, tasas universitarias... El hombre de las cuentas del Estado tiraba de la vía fácil, la de apretar a ciudadanos y empresas, para contentar a Bruselas, claro. Pero no lo consiguió. Ni uno solo de los años de legislatura, y a punto estuvo de costarle una severa multa de Europa.

Para enjugar la mentira, agotó la legislatura el ministro con una especie de fiesta: una rebaja en el IRPF cuando asomaban las elecciones y el temor a la pérdida efectiva de la mayoría absoluta. Tiró del mismo recurso fácil, ahora para ganar: bajar los impuestos.

El 11 de junio del 2016 -sí, otra vez la hemeroteca, es lo bueno que tienen los periódicos, la memoria impresa-, nuestro hombre de los números aprovechó que estaba lejos del ministerio, enfundado en el traje de mitinero, en la campaña de las generales, para volver a destaparse: «Se bajarán los impuestos para cumplir el objetivo de que 20 millones de personas estén trabajando en este país [...] La gente de este país se ha puesto en marcha y hay que alimentar ese crecimiento bajando el IRPF y el impuesto de sociedades».

Seis meses después, ya saben: impuestazo a sociedades (lo que iba a bajar), alcohol y tabaco, una futura tasa a las bebidas azucaradas, y un nuevo tributo ambiental. Todo por Bruselas de nuevo, claro...

Volveremos a oír lo mismo de este ciudadano. Y el problema no es solo la mentira. Es la palpable demostración de la falta de recursos de este ministro, el de la vía fácil.