Ahí va un resumen muy particular del año a través de los animales (con perdón) políticos más destacados.
Mariano Rajoy: ganador de Supervivientes.
Susana Díaz: propietaria de gestoría.
Javier Fernández: trabaja en una gestoría.
Pablo Iglesias: jefe de los pablistas, al final resulta que sí tenía abuela.
Íñigo Errejón: jefe de los errejonistas, el núcleo irradiador funcionando a tope.
Albert Rivera: nunca será Suárez.
Pedro Sánchez: El coche del «No es No» se le ha gripado.
Felipe González: marionetista.
Antonio Hernando: bruto (con mayúscula).
Rafael Hernando: repartidor.
Soraya Sáenz de Santamaría: también es gente, se viste en Primark.
Íñigo Méndez de Vigo: la sonrisa amable del régimen mariano.
Carles Puigdemont: sí o sí, pero no.
Íñigo Urkullu: Seny vasco.
Javier Lambán: definitivamente no está tocado por los dioses.
Esperanza Aguirre: posee un estanque lleno de ranas.
Alberto Núñez Feijoo: Moncloa puede esperar.
Pablo Echenique: amigo y algo más de Dominga, ama a Pablo.
María Dolores de Cospedal: no está finiquitada.
Rafael Catalá: la presunción no es inocente.
Juan Manuel García-Margallo: verborrágico.
José Ignacio Wert: siempre le quedará París.
Cristóbal Montoro: esa risita...
Rodrigo Rato: lo suyo sí que fue un milagro económico.
Luis de Guindos: también hace milagros.
José Manuel Soria: en el paraíso.
José María Aznar: ladra, luego Mariano cabalga.
Alfonso Dastis: llegó, vio y la pifió.
Ana Pastor: monologuista.
Íñigo de la Serna: donde dije digo digo Diego.