#ÍñigoPorQuéNo

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

29 dic 2016 . Actualizado a las 08:37 h.

Quizá lo que más sorprende en esta retransmisión en directo de una crisis de poderes en una organización política es la llamada a la fraternidad (sic) que encabeza el llamamiento de algunos inscritos en su manifiesto El abrazo. Por un Podemos de acuerdos, no de facciones.

Porque de aquellas formulaciones de Podemos escapando de la división tradicional «ni de izquierdas ni de derechas» sustituida por «los de arriba y los de abajo», tan popular y nítida como impostada, los acontecimientos los fueron llevando a lo que sin duda eran sus dirigentes, un partido de militantes de izquierda tradicional. Donde la transversalidad política dejó paso a la prédica rejuvenecida de Anguita para sustituir a un PSOE torpe y políticamente envejecido.

Aquel resplandor en las europeas del 2014, el mundo de los círculos, la innovación de los «inscritos», con todo el poder de votar y sin ningún poder de decidir, dio paso en el Vistalegre de octubre a la hegemonía de la dirección quien, utilizando la circunscripción única, las listas plancha (un clic de ratón votaba toda una lista) con arrase de la mayoría, y el sistema de votación, podía neutralizar a los otros. Recuérdese a Errejón y Echenique entonces.

La estrategia de Podemos, alejándose de las municipales para integrarse en confluencias varias, donde la debilidad era patente, ha sido una constante agudizada por su objetivo de adelantar al PSOE en la repetición electoral -Informe Bescansa dixit-, lo que les llevó a integrarse con Izquierda Unida, y con ello abrir nuevos frentes en su debate interno. Sustituyendo la prédica de la transversalidad por la nueva estrategia de una victoria de la izquierda.

Y establecido el mando de la dirección, la debilidad organizativa territorial, el ninguneo efectivo de los inscritos, y la cultura de mayorías excluyentes, tan propia de organizaciones políticas, aparecieron las tradicionales y deleznables purgas de desafectos: Breogán Rioboo en Galicia; luego el secretario de Organización de Podemos, próximo a Errejón; la cooptación de Echenique otrora retirado-derrotado de Vista Alegre; y por último la caza y captura de las minorías, evidente ya en la Comunidad de Madrid y en estos prolegómenos de su Vistalegre Dos. Primero de aquellas más molestas -recuérdese el #ÍñigoAsíNo o el ejercicio de autoridad del senador Espinar en la Comunidad de Madrid- y luego de quienes vayan quedando.

El fracaso relativo de aquella expectativa, sobrepasar a los socialistas, los resultados de las elecciones de junio, también de las gallegas y vascas, y apenas una estrategia visualizada como antisistema, ha recrudecido la lucha de proyectos en Podemos que, en la mejor de las tradiciones de los partidos, hoy se visualiza como lucha de facciones.

Quizá el abrazo sea inútil frente a la pasión por el poder. Reflexionen si no sobre ello, siguiendo a Calicles y Sócrates, en el ensayo Estudios del malestar, de Pardo.