Terrorista. No soportabas la libertad de los otros, terrorista. La única opinión que prevalece es la tuya, terrorista. El rencor te devoraba las entrañas, terrorista. Las cosas no iban a quedar así, ¿verdad, terrorista? Cómo se atrevía. Te sentiste despreciado, terrorista. Quién se creía que era. Te había humillado, terrorista. La ira te quemaba, terrorista. No tenía derecho, ¿a que no, terrorista? Pero iba a aprender de una vez por todas. Eso fue lo que pensaste, terrorista. Nadie le dice que no a un terrorista. Se cree muy importante, ¿a que sí, terrorista? Cómo te podía rechazar a ti, todo un terrorista. Como podía haberte dicho que no, si eres terrorista. Tenía que aprender la lección. Que nadie le niega nada a un terrorista. Porque la razón siempre es del terrorista. Si lo quieres, lo coges. Nadie puede impedírtelo, ¿verdad, terrorista? Ya era hora de hacerle entender, terrorista. Te había ridiculizado de nuevo, terrorista. No podía pasar ni una hora más, terrorista. Cogiste el cuchillo, terrorista. Brillaba la hoja mientras enfilabas su calle, terrorista. Nadie le dice que no a un terrorista. Entraste en su casa, terrorista. Y entonces, entonces llegó el atentado. El atentado terrorista. Empuñaste el cuchillo. Te creías valiente. Y a puñaladas le arrancaste la vida. No pudiste aguantarle la mirada, terrorista. Porque en el fondo no eres más que un puto cobarde, terrorista. Y huiste, terrorista. Corre. Corre todo lo que quieras, terrorista. Porque no puedes esconderte, terrorista. Míranos. Míranos a los ojos, terrorista. Aquí estamos. No tenemos miedo, terrorista. Tú tenías el cuchillo. Nosotras, la dignidad y la justicia. El peso de la ley caerá sobre vosotros. Sobre todos vosotros. Sobre los hijos del terrorismo. Del terrorismo machista.