Andan muy revueltos los estadounidenses porque ya nadie duda de la intervención de los servicios rusos en el jaqueo de los servidores del Partido Demócrata y la posterior difusión en la red de miles de jugosos documentos -sobre todo, correos electrónicos- que los medios, también los más importantes, propagaron ampliamente. Nadie está en condiciones de afirmar que la intervención rusa consiguió, como pretendía, la elección de Trump: quizá el resultado hubiera sido el mismo. Tampoco se puede decir que las filtraciones interesadas resulten ajenas a las campañas en aquel país. La novedad reside -aunque con algunos antecedentes no tan groseros- en que procedan de una potencia extranjera. Y esto, claro, les tiene muy revueltos. Como si Estados Unidos jamás hubiera recurrido a prácticas semejantes, o peores, a lo largo y ancho del mundo. Me hace gracia verles degustar su propia medicina.
Pero hay un asunto que dará mucho que debatir: la intervención imprescindible de los medios en la circulación de los documentos sabiendo, como sabían, cuál era su origen. ¿Deberían haberse abstenido por tratarse de una maniobra extranjera? ¿Hicieron bien en publicarlos porque se trataba de documentos auténticos que los votantes querrían conocer? Al parecer, aupado en su propia lógica, el sistema mediático que con tanta fiereza atacó a Trump ayudó, acaso decisivamente, a que saliera elegido.
Siempre se le puede echar la culpa a los demócratas, por descuidados: se sirvieron de un sistema de seguridad informática muy elemental y no creyeron al FBI, que les alertó de que estaban siendo jaqueados. También esto me hace gracia. Ayer Obama amenazó con represalias. Putin debe de estar temblando.
@pacosanchez