Terror a un salario emocional

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez NO PARA CUALQUIERA

OPINIÓN

27 nov 2016 . Actualizado a las 13:17 h.

Fue un hito de los años recientes que comenzara la semana con un debate realmente procedente en el Congreso de los Diputados. Se discutió y se aprobó la propuesta de Unidos Podemos de incrementar el salario mínimo a 800 euros  con el horizonte de llegar a los 1.000, quién sabe, algún día, Ya ven qué dispendio, 800 euros al mes como mínimo, algo que por lo visto a la patronal y los sectores de opinión más retrógrados les parece un suicidio económico. Ocurre, sin embargo, que con salarios mínimos el consumo es mínimo, y mínimas también son las cotizaciones a la Seguridad Social, y todo ese minúsculo proceder, esa visión liliputiense y rácana del reparto de la riqueza (es esa y no ninguna otra) es la que amenaza realmente con minar nuestro sistema de pensiones.

Después de ese interesantísimo debate llegaron los minutos de silencio y sus abandonos, de nuevo el show en la cámara y la pérdida de tiempo en cuestiones banales, las que monopolizan los minutos, estos de charloteo, en tertulias y telediarios. Pero no hay por qué conformarse ni asumirlo. No puede pasar inadvertido que en el debate parlamentario la ministra de Empleo, Fátima Báñez, aseguró con todo el desparpajo de quien un día encomendó la solución a la falta de trabajo de los ciudadanos a la virgen del Rocío, que nadie cobraba menos de 655 euros en España. Es imposible, aseguró la ministra, porque «sería ilegal». Muchos políticos a la largo de su trayectoria se encuentran ante el dilema de si será peor parecer estúpido integral que rematadamente malvado; y en una ocasión así se halla nuestra ministra. Urge resolverlo.

Desde luego que son muchas, demasiadas, las personas que cobran menos de 655 euros, y menos de 500, y aún menos. Precisamente porque la legalidad laboral importa un pimiento y sale absolutamente gratis pasársela por el arco del triunfo. La impunidad es total. Cuando no se paga en negro (como ocurría hasta la pasada legislatura con los camareros de la mismísima cafetería del Congreso de los Diputados) se pueden hacer contratos por horas para labores de meses; o mejor todavía, hacer que los trabajadores de una empresa se tengan que montar la vida como autónomos ahorrándole a las compañías todas las aportaciones a la Seguridad Social, todo tipo de derechos para merma del conjunto de los ciudadanos, porque es un robo organizado de la misma calaña y talla del fraude fiscal. Todo esto sucede todos los días en España, si la ministra no se entera o no se quiere enterar debería irse a su casa a buscarse ella misma otro trabajo; algo que, por lo visto, nunca ha hecho fuera del ámbito político.

Pero lo peor es que la tendencia a la devaluación salarial es global y se encuentra firmemente asentada. Hasta se buscan los argumentos más extemporáneos para tratar de justificar que las empresas no pongan un céntimo más en las nóminas de sus empleados. Excusas guays y rimbombantes como la de ofrecer un «salario emocional». Sus defensores nos aseguran que no importa trabajar más por menos siempre que la cosa se compense con una mesa de billar o de ping pong en la sede de la oficina, que se puede cambiar dinero por un ambiente cordial en la empresa, o flexilidad en los horarios. Y miren, no. La flexibilidad en los horarios es una necesidad que se debe negociar en cada trabajo independientemente del sueldo, desde luego que hay pocas cosas como tener amigos en el curro pero si no los hay no pasa nada, y el billar o los vídeojuegos los disfruta cada uno en su tiempo libre como mejor le parece, pero a costa de los garbanzos no.

¿Por qué no aceptan las empresas pagar la misma nómina por un «trabajo emocional? Usted págueme lo de siempre pero a media mañana yo me bajo al bar y le cuento a los contertulios de la barra lo buena que es mi empresa y la excelente calidad de su producción. ¿No le convence? Digamos que lo que hacemos no es una charleta sino «personal barista branding», que se desarrolla en el tiempo de trabajo y que por eso debe ser remunerado. Una patronal que asume cualquier chuminada que le diga un coach debería asumir esta también. O no, porque esta duele en el bolsillo. Pues tomen nota.