Pues yo no estoy nada tranquilo

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

TEl nacional-populismo es la ideología en alza. Nacional-populistas son Donald Trump, los británicos Theresa May y Nigel Farage, la francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders, la polaca Beata Szydlo o el húngaro Viktor Orban. Algunos ya han llegado al poder, otros esperan hacerlo pronto. Su discurso combina, en diferentes dosis, ultranacionalismo, proteccionismo, antiglobalización, autoritarismo, arrogancia, extremismo, demagogia, antipolítica, persecución del inmigrante y desprecio a las élites con guiños a los perdedores de la globalización y los desencantados con el sistema y promesas de protección a los trabajadores y las clases medias depauperadas. Un cóctel explosivo, ya que la crisis ha hecho estragos en amplias capas de la población, aumentando de forma exponencial las desigualdades y la precarización laboral. Ahora nos dicen que no pasa nada, que estemos tranquilos, que Trump dejará atrás sus repugnantes promesas electorales y se transformará en un pragmático maniatado por el sistema de pesos y contrapesos americano. Pues no, yo no estoy nada tranquilo. Que en la Casa Blanca se instale un personaje tan despreciable y con semejantes ideas en la cabeza es un drama que puede devenir en tragedia. El equipo del que se ha rodeado, empezando por su vicepresidente, es espeluznante. La crisis ha creado monstruos nacional-populistas -a los que hay que añadir, con características propias, a gobernantes siniestros como Putin o Erdogan-, que ahora son muy difíciles de parar. El hundimiento de la socialdemocracia y el retroceso de la derecha clásica les ha dejado el campo libre. Lo que ha pasado en Estados Unidos, lo que está sucediendo en Europa y lo que está por llegar da pavor.