«Trumpazo»

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

10 nov 2016 . Actualizado a las 08:00 h.

El retrato: Trump es un hombre hecho a sí mismo. No es así. Fue niño en una casa de más de 23 habitaciones. Su padre tenía mucho dinero. Él se reinventó varias veces. Cierto. Ideas fuerza de lo que ha pasado: Muchos que votaron a Trump se lo callaron. Pero casi sesenta millones de votantes no son tontos. Le han creído. ¿Por qué? Trump se volcó, por ejemplo, con la clase obrera de Wisconsin, Míchigan y Pensilvania prometiendo más impuestos a las empresas que se lleven trabajo al extranjero y bajadas de impuestos a los trabajadores. Resultado: ganó los tres estados (por los pelos, pero los ganó). Hillary creía que no los perdería por ser tradicionalmente demócratas y otra vez se equivocó. Hillary acabó la campaña como la hizo: escondida. Trump soltó en cada estado clave lo que el americano medio (sobre todo el blanco) quería oír y le funcionó. Hillary no dijo nada, se limitó a ir a los debates pensando que así ganaría por inacción, incomparecencia del rival o extravagancia del mismo y se estrelló. Entre un fanfarrón y una lobista, los americanos eligieron a quien se mojó más. Hillary no pudo atacar sin piedad la vida disipada de Trump, porque en la suya hay mucho que esconder. La campaña de Hillary fue ir de la mano con Obama, la de Trump fue dar la mano a la clase media. Que Hillary no haya querido dar la cara al momento la retrató de nuevo. Caprichosa y consentida, demasiado tiempo pisando las alfombras mágicas del poder. Solo su condición de mujer hizo que le ganase la nominación a Sanders. Hillary era mala candidata. Si los demócratas querían una mujer que arrasase a Trump, tenían que haber optado por Michelle Obama. Lo pueden hacer dentro de cuatro años. Atención: hace mucho que un partido no tiene a la vez todo el poder (Casa Blanca, presidente del Congreso y del Senado). Menos mal que Trump tendrá que seducirlos, porque podría ser de otro partido. Ojo: los primeros en felicitarlo han sido Marine Le Pen y cía. El hombre al que su equipo electoral le quitó el control del Twitter para que no difundiese ocurrencias bárbaras, tiene ahora en su mano el botón nuclear. Estupendo. Idea final y breve en boca de Gómez de la Serna, cuando el madrileño ya era dueño absoluto de su greguería nada gregaria, y que resume la estupidez general: «Los tiempos están tan malos que he decidido hablar solo».