Las tecnologías van cambiando nuestros hábitos. Hace mucho que no escribo de los errores al hablar. De aquellas míticas frases que supuestamente decía Caneda y que muchas de ellas, en realidad, eran creación del gran Diego Bernal. Caneda fue aquel dirigente deportivo que, entre otras, dijo lo de «a mí nadie me pone entre la espalda y la pared». Claro. Pero es que ahora, como ya no hablamos, los errores para partirse de risa viene de la mano del autocorrector al escribir en mensajes en el móvil. Tanto en las redes sociales como entre particulares. Algunos tan buenos como aquel que decía «Ben Johnson corría tanto porque iba hasta arriba de asteroides». Pero vayamos con el autocorrector y las malas pasadas que juega. No es el primero ni el segundo que quiere enviar un pésame por guasap y lo que pone es «mi más sentido pésimo». Pésima manera de abrazar a un amigo por la pérdida de alguien. También está el que escribió en el Facebook por otro fallecimiento «siempre os preocupasteis mucho por él». Pero no fue así como llegó a los familiares. El autocorrector añadió: «Siempre os preocupasteis mucho por el Facebook». De traca. Bailar palabras en el móvil da lugar a malentendidos y risas. «Hoy hago veletas para cenar». Cenaron croquetas. Los hay picantes. Igual recibieron algunos. Ejemplos: «Espero senos pronto», pone la chica. Obvio, quería poner «espero veros pronto». A él y a sus amigos. La respuesta del chico no se hizo esperar: «Yo también espero senos pronto». Por no hablar de los errores con «pura» que se convierte en todo lo contrario. Quieres escribir pura y el corrector se empeña en poner pita, punta y etcétera. Es lo que tiene el «manuel», digo manual, del castellano «turgente», digo urgente. Está el que quiere ir de filosófico y envía este mensaje: «Cada vez estoy más nudista». Era pleno invierno y el receptor no entendió nada. Quería poner budista. No hablemos de uno de los más comunes y comentados. Las confusiones por una m con el verbo amar. O cuando solo quieres poner OK y pones una y otra vez Oklahoma. Un clásico. Y uno muy reciente. Envía obnubilado por la radiante actualidad: «Dicen que Bisbal le hizo a Chenoa la compra», en vez de la cobra. Ni la compra ni la cobra. Este es para contestar con un montón de caras de esas que lloran de risa.