«Mafia» y «ciudadanía» según la extrema izquierda

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

La concepción de la democracia compartida por los partidos de extrema izquierda presentes en el Congreso de los Diputados resulta sencillamente delirante por indicativa de un desprecio a la voluntad del pueblo manifestada en elecciones. Un desprecio que cualquier fascista de pro compartiría plenamente.

Ante la decisión del Comité Federal del Partido Socialista de abstenerse en la votación de investidura de Rajoy, ese «cráneo previlegiado» que ha resultado ser Garzón, coordinador general de Izquierda Unida, ha llamado a sus colegas diputados a unirse a una manifestación que, convocada por una autodenominada Coordinadora 25S, y bajo el lema «Ante el golpe de la mafia, democracia», pretende rodear la Cámara baja de las Cortes Generales. En la misma línea, una diputada de En Marea se muestra también partidaria de repicar como parlamentaria y, al mismo tiempo, estar en la procesión jaleando una algarada contra la libre voluntad de los representantes elegidos por el pueblo. Y es que a juicio de su señoría, que considera «un golpe del régimen» lo que ella llama «gran coalición» entre el PSOE y el PP, más allá de la legitimidad parlamentaria está «lo que piensa la ciudadanía» o, dicho de otro modo, lo que «hay fuera».

Para entendernos: los partidos que representan al 69 % de los españoles que fueron a votar en las últimas elecciones generales (PP, PSOE y Ciudadanos) son «la mafia», mientras la voz de la democracia la personifican, al parecer, En Marea, que obtuvo en esos mismos comicios el 1,4 % de los votos, e IU, que reunió el 3,7 % de los sufragios en diciembre del 2015, cuando se celebraron las últimas legislativas a las que concurrió por separado.

Para seguir entendiéndonos: la legitimidad parlamentaria que le parece poca cosa a la docta diputada de En Marea la encarnan en estos momentos 254 de los 350 diputados que, por mandato democrático del cuerpo electoral, componen el Congreso. Pero eso, claro está, es nada en comparación con los mil o dos mil activistas que asistirán a la manifestación que pretende, violando la ley, rodear el edificio del Congreso en contra de «la mafia». Es lo bueno que tiene ese fantástico conjunto de personas -«la gente», «la ciudadanía»- que dotado por definición de un sentido innato de lo justo le sirve a Podemos y a todos sus aliados de extrema izquierda para un descosido y para un roto.

¿Y la soberanía del pueblo que en democracia se expresa de forma fidedigna a través del proceso electoral? Es muy sencillo: al pueblo, a su soberanía, a la democracia y al proceso electoral que le den dos duros, pues ni el pueblo sabe votar (ya lo dijo el diputado poeta de En Marea), ni su soberanía merece el más mínimo respeto, ni la democracia es fiable, ni el proceso electoral puede contraponerse al valor indiscutible de una sagrada procesión de «la gente», de «la ciudadanía». Y el que no lo vea o es tonto, o de la casta, o del Ibex 35.