El lunes de Calais

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

25 oct 2016 . Actualizado a las 07:33 h.

Escucho la frase de un periodista veterano y eso que el periodismo, decía Kapuscinski, no es un oficio para cínicos: «Lo de Calais es lo de siempre. Todos los campamentos de refugiados son iguales. Miseria por todas partes. Es el polvo que escondemos debajo de la alfombra para que no altere nuestras vidas. Esas vidas que creemos perfectas». Contradice algo la frase de Tolstói que, más o menos de memoria, decía que «todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada». Me quedo con el escritor. Lo que nos llega de Calais es el horror. Pero no hay dos horrores iguales. Nunca duele de la misma manera. Hay dolores agudos, punzantes, sordos, insoportables. Miramos al lunes de Calais. Ocho grados. Pero mucha humedad. Sensación de frío. Ese frío desagradable que se te mete en el cuerpo y que es como si estuvieses mojado. Hay tres colas. Así es el desalojo. Tres colas como las que hacemos nosotros para coger número en un supermercado o en una sucursal de un banco. La cola de los adultos. La cola de las familias. Sí, hay familias enteras destrozadas por el éxodo. ¿Cómo miran esos padres a sus hijos a los que no pueden proteger ni darles lo mínimo? ¿Y los niños a sus padres? ¿También los consideran dioses, como aquí, o ya saben que no hay pedestales, ni allí ni aquí? Y la tercera cola es la que te clava al corcho como una mariposa disecada: es la cola de los menores solos. Sí, hay menores solos. Chavales que perdieron en el camino a sus familias. Que no tienen a quién mirar ni quién les mire. Van a otros centros. El primer autocar salió a las ocho y veinte de la mañana para Borgoña. Qué diferencia entre esos autocares llenos y los autocares que, también escoltados por la policía, van a los partidos de fútbol con hinchas. Hay muchos mundos, todos en el mismo. Lo que hemos hecho con el lunes de Calais es desatascar una alcantarilla. Y repartir lo que escondíamos debajo de esa alfombra gigante en muchas alfombras pequeñas. Ojalá me equivoque.