La historia se repite y repite. Está escrito. Algún prodigioso columnista lo señaló en tinta. Una vida más que centenaria llevan peleándose en el PSOE. Hay que remontarse en el tiempo para hallar algo tan cruento (en sentido figurado, sangre no se ha derramado). Tal vez Besteiro (no el de Lugo), el histórico dirigente de los años veinte y treinta, que era moderado y colaboracionista con los militares, contra Largo Caballero, que era el izquierdista, y contra Prieto, que era el de centro zurdo, sean un ejemplo de cómo este partido siempre estuvo partido entre ocupar la izquierda (la O de obrero) o tirarse al centro (la O de conjunto vacío, pero en España caladero fértil en votos). Largo Caballero, por cierto, fue el único obrero que llegó a presidir España. El electricista Corcuera fue ministro de Interior. Tampoco es solo español el debate sobre si izquierda o centro. Coló durante un tiempo la pegatina de socialdemocracia por personas de izquierda que hacen políticas a veces de derechas, pero el calado de los líderes era otro. Willy Brandt, Mitterrand... Hasta Felipe ubicumque tuvo que dimitir para ganar el congreso del 79 y llevar al PSOE del monte del marxismo leninismo a la plaza de una izquierda para todos los públicos, sin dos rombos. Lo que hizo Sánchez fue distinto. Él instrumentalizó ese gusto de la militancia por cabecear hacia la izquierda para buscar su supervivencia. No fue ideología. Hasta creo que le pesó más el odio personal a Rajoy. Sánchez no es Largo Caballero. Ya le gustaría. Ni va a ser presidente de España como él. Largo Caballero tuvo una dignísima muerte. Pasó por los campos de concentración nazis y nunca se apeó de su origen ni de sus ideas. A Sánchez el no a Rajoy le sirvió como gasolina para rodearse de los militantes más inflamables. Pero, dentro de Sánchez, todo era ya crisis total. El fin de semana vivimos otro episodio lamentable de una deriva de pronóstico reservado que hiere e hiede como un Gran Hermano 69. Sabíamos que el espectáculo iba a ser bochornoso, pero no una inexplicable loca locura protagonizada por ¿adultos? Ojo, el daño no ha sido solo al PSOE ni a su militancia ni a sus votantes. La avería es a la democracia. Y no ha hecho nada más que empezar.