Fueron las derrotas

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

02 oct 2016 . Actualizado a las 09:24 h.

No. No hay otra manera de empezar el artículo sobre el adiós a Sánchez que con la partícula negativa en la que se resume y por la que pasará a la Historia. Pero el exsecretario general de los socialistas no perdió solo ayer. Aunque él, jugador de baloncesto, crea que ese 133 a 107 es el tanteo que lo ha apeado de la política española, fueron las otras derrotas en las urnas las que lo fulminaron. Una dramática acumulación de desastres en las elecciones que él no quería ver. La pesadilla de dinamitar uno tras otro los suelos electorales del PSOE. El de Almunia (que se fue), el de Rubalcaba (que se marchó). Y la punta se la dio Feijoo desde Galicia. Sánchez no supo tampoco liderar y unir a un socialismo gallego especialista en suicidarse, donde también se fue al sótano de los sufragios y donde permitió así la única mayoría absoluta en España que veremos en mucho tiempo. Sánchez se va porque es el campeón del PSOE en perder (en el País Vasco ya no sirve ni de muleta de Urkullu, con el escaño que se movió el viernes). Esa es la realidad de las urnas y el resumen de su biografía política. Luego, quiso morir matando y en prime time, y encima le regaló a un partido histórico un final histriónico. Un culebrón que rozó el patetismo. ¿De verdad que ayer los que estaban en el comité federal, unos y otros, eran adultos y con responsabilidades en gobiernos? No limpia con sus palabras de despedida el cristo que le ha montado a una organización más que centenaria y el favor que le ha hecho a Pablo Iglesias. Sería hermoso que, de verdad, Sánchez creyese tan firmamente en el no a Rajoy y en una política de izquierdas. Pero no es así. Solo le convenía. Buscaba oxígeno en el aire envenenado por sus rivales (de Felipe a Susana Díaz) que ya venía respirando. Quiere irse como un mártir, quien fue un martirio. Marchitó la rosa y la deja en llamas. Las matemáticas son exactas. Y si una fuerza logra quedarse a seis escaños de una mayoría absoluta en un tiempo de multipartidismo, ese acuerdo debe gobernar. Sánchez buscó el atajo en vez de currarse unos años una oposición de caramelo ante un gobierno de minoría. Podría haberse hecho un hombre y rehacerse en futuras elecciones en las urnas. Pero por ser presidente a toda costa cavó su tumba. No fue la votación de ayer. No. Por menos, comparen sus finales, Almunia y Rubalcaba se fueron como señores. Sí.