or fin. Un poco menos de telerrealidad y algo más de realidad. Menos reality show y más divulgación. Menos docurreality y más documental. Menos cazar famosos y más cazar conocimientos. Ya era hora. Ya era hora de dejarse un poco de talk shows y concursos de talentos. Ya era hora de dejar de hacer caso a los famosos que viajan a una isla desierta para empezar a escuchar a los verdaderos supervivientes: los científicos. Esos cerebros privilegiados que contra recortes y precariedad, siguen aprendiendo sobre ellos mismos. Sobre nosotros mismos y sobre todo lo que nos rodea. Es una cita. Sábado. 20 horas. La 2. Comencemos a ser Cazadores de cerebros. Porque en una parrilla saturada de caspa, juguetes rotos y una autoproclamada realidad que solo adormece a las masas, ha entrado con fuerza un soplo de aire fresco. Una brisa que ha decidido salirse del contexto académico para reencontrar al ser humano consigo mismo. Para que las audiencias dejen de tragar horas de programación vacía y puedan empezar a llenar sus propios cerebros de lo mejor que pueden ofrecer los mejores cerebros que ha dado este país. Por fin alguien programa con algo de cerebro. Ya era hora de que alguien estimulase nuestros cerebros. Menos mal que alguien se acuerda de que hay cerebros brillantes. La divulgación se hace un hueco en pantalla. Que los inteligentes nos hagan más inteligentes.