Cho-chi-to

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

11 sep 2016 . Actualizado a las 10:28 h.

Los hombres pegan por impotencia. Creen que pueden conseguir por la fuerza lo que no son capaces de conseguir con la ternura». Le robo la sabiduría al Chirbes de En la orilla mientras busco en mi árbol genealógico el apellido chochito. A todas las mujeres nos lo han llamado alguna vez aunque no lo hayamos escuchado (o sí), así que casi espero que haya una explicación heráldica que me permita cerrar al fin los ojos. Estos días, esos mismos luceros que han de devorar los gusanos se fueron desprendiendo de sus respectivas retinas tras saber que un juez no considera motivo de despido que un jefe llame así a sus empleadas, en plan Chochito Rodríguez repón los desodorantes o Chochito Carballo atiende a la señora del moño. O sea, que un mozo puede ir por la oficina salivando groserías de este porte sin que sus subordinadas tengan mucho derecho a sentirse vejadas. El individuo este del que hoy hablo pastoreaba a las mozas de su sección de oportunidades refiriéndose al todo por la parte, en lo que venía siendo una turbia sinécdoque genital que al tipo le parecía muy oportuna y por lo que se ve a la Justicia también. Llegaba a primera hora y por los pasillos veía desfilar sexos que justo perdían todo interés a la altura de la meninge, en un despendole más lisérgico que laboral que tenía a las muchachas justo hasta el mismo sitio por el que eran designadas.

Hay hombres sedosos que se dejan dibujar el perfil de su rostro con tu dedo. Otros estabulan a las hembras. Puede que vayan ganando los primeros pero estremece que un juez no penalice a quien dispone de la identidad de las mujeres, arrebatándoles su nombre como hacían los esclavistas antes de poner a los negros a recoger algodón. Hombres que reescribirían a Nabokov: Chochito, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía, Cho-chi-to.