Tras el segundo no a la investidura de Rajoy, que hoy se producirá con total seguridad, se abrirán en la política española -tan cansina que se ha convertido en decididamente insoportable- tres únicas salidas al absoluto bloqueo en que lleva muchos meses. Y, aunque todas pasan de un modo u otro por el nefasto personaje que dirige hoy el PSOE, este no se ha dignado aún a aclararnos cuáles son sus planes, tras haber hecho efectiva una venganza sobre Rajoy tan siniestra como inútil.
Sánchez, que habla y maniobra pensando solo en conservar el apoyo interno en su partido, arrasó a plena conciencia cualquier posibilidad de que el PSOE que él dirige se abstenga en una eventual nueva propuesta de investidura de Rajoy. Sánchez se comporta como un conde Drácula, que vive de chupar la sangre a su partido, y por eso ha hundido todos los barcos y dinamitado todos los puentes que podían utilizar los socialistas para sacar a la política española del marasmo en el que está, mediante la simple operación de dejar gobernar a quien ha ganado los comicios y cerrado un pacto que lo sitúa a las puertas de la mayoría absoluta en el Congreso. ¿Por qué razón? Porque la elección de Rajoy significaría el final de la carrera del líder socialista, a quien le importa tan poco su país que podría decidir volver a las urnas con la esperanza de que unas terceras elecciones mejoren su posición de cara al próximo congreso socialista. En eso piensa Sánchez. Nada más.
También cabe la posibilidad, desde luego, de que el secretario general del PSOE opte por intentar ser el presidente de lo que con toda razón denominó un Gobierno Frankenstein su correligionario Rubalcaba, pues el único ejecutivo que Sánchez podría presidir a día de hoy sería uno apoyado por socialistas, podemitas en sus diversas variantes, independentistas vascos y secesionistas catalanes. ¡Ahí es nada! Sánchez es tan irresponsable que no resulta ni mucho menos imposible que trate de embarcarse en esa aventura enloquecida, que empujaría a España hacia el caos económico y político y sacaría al PSOE ya sin remisión del terreno en el que consiguió grandes éxitos y avances para él y para España.
Solo hay, por todo lo apuntado, una posibilidad alternativa a las nuevas elecciones o al desastre anunciado de un Gobierno demencial: el golpe de mano en el PSOE que acabe con la funesta etapa Sánchez, para colocar a los socialistas en el camino de la recuperación de su espacio y del electorado que lleva varios años perdiendo a borbotones. Ello permitiría que Rajoy fuera elegido presidente con la abstención de los diputados socialistas, pero abriría además una posibilidad mucho más importante para el futuro del país: la de que el PSOE vuelva a ser el partido de centro izquierda que fue un día, que aspira a gobernar autónomamente con el apoyo de una mayoría social y sin hipotecas del populismo izquierdista y el nacionalismo y que pone los grandes intereses del país por encima de las míseras ambiciones de poder de su secretario general.