La larga caminata de Rajoy

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

A Mariano Rajoy le gustan las caminatas. Este fin de semana lo ha vuelto a dejar patente en Galicia. En política también ha demostrado ser un marchador de fondo. Pero en este terreno no le gusta andar deprisa, sino con pies de plomo, incluso practicar un exasperante dontancredismo. El líder del PP es un político de teflón que ha sobrevivido en pie a verdaderos tsunamis, que se hubieran llevado por delante a cualquiera: dos derrotas electorales, los efectos de una crisis devastadora y la corrupción elefantiásica que afecta a su partido. Sus compañeros de generación no han podido seguirle el ritmo. En cierta forma lleva más de 30 años en funciones. Es el superviviente nato. Y quiere seguir siéndolo. Para ello se apresta, empleando sus propias palabras, a emprender una «larga caminata» que, mediante una operación de «reblandecimiento», doblegue primero a Rivera y, finalmente, al contumaz Sánchez por intermediación de las viejas glorias y de los barones. Considera que ya ha dado el «primer paso» con el líder de Ciudadanos. Piensa que este terminará por darle su sí poco antes de llegar a la meta por sentido de la responsabilidad. A eso se aferra. Mucho más difícil será reblandecer al irreductible Sánchez, que no cede pese a las presiones que recibe por tierra, mar y aire. ¡Hasta Antonio Banderas le ha pedido que se abstenga! Ni por esas. El líder socialista no quiere participar en la carrera que terminaría con Rajoy en La Moncloa. Pero este cuenta con una baza fundamental: o yo o el caos, en forma de terceras elecciones. ¡Esa si que sería una larga caminata para repetir como presidente del Gobierno! De momento, no ha logrado sumar un solo apoyo siete meses y medio después de las elecciones de diciembre. Pero todo se andará. O no.