Un pecado en catalán

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

24 jul 2016 . Actualizado a las 10:01 h.

Si no fuera porque es lo único que tenemos deberíamos abjurar de los partidos políticos. Se te inyecta ciudadanía a base de siglas, pero un día te percatas de que te los tomas más en serio de lo que se merecen. Hay gestos definitivos que demuestran que todo es un gran teatro en el que los actores más dotados juegan con los sentimientos de la platea con la eficacia de quien domina el método Stanislavski. Se trata de arrancarnos la lágrima, de movernos el intestino para que votemos a lo loco, con la furia de las acciones irracionales. No aprendemos. Y mira que deberíamos haberlo hecho después de escuchar cómo Aznar elaboraba una patética plegaria en lengua catalana para conseguir el favor de los nacionalistas y acuñar ese poder neocon que tanta porquería ha dejado atrás y tantos millones a sus sacerdotes. Aquel cínico «hablo catalán en la intimidad» convirtió su inesperada poliglotía en una especie de vicio privado, como si comunicarse en el idioma de Pla fuese una perversión que se acometía en ligueros. Si realmente hubiese querido complacer el alma diversa de Cataluña habría hablado catalán en público, pero sabía que los votantes no necesitan liturgias si no pecados. Eso era para él decir si us plau. Un vicio del que se liberó al compartirlo con nosotros. Después de la confesión, Aznar siguió con su vida. Y los otros, también. Rajoy ha hecho lo mismo esta semana como Homs. Los ciudadanos de alma sensible se habían creído la fractura. Denuncias, insultos, sentencias en el clímax de una tensión política que era en realidad una astracanada. Porque cuando necesitaron meterse en el catre y compartir vicios, cada uno le encontró al otro el puntito justo en el que había que pulsar. Solo tuvieron que frotar un poquito y el acuerdo imposible se convirtió en probable. Los ciudadanos sensibles nos quedamos a cuadros. La actuación, de Oscar.