«A día de hoy», dijo hace unas fechas el señor Sánchez, el PSOE votará no al candidato Rajoy. Pues bien: a día de ayer, el señor Sánchez comunicó a sus parlamentarios que seguirán sin apoyar al candidato Rajoy. Y también a día de ayer el señor Rivera explicó que ya es mucho para su partido abstenerse en segunda votación, con lo cual el candidato Rajoy tampoco puede contar con él. Y eso lo dijo el señor Rivera el mismo día en que alcanzó un acuerdo con el PP para la presidencia y la Mesa del Congreso. No acabo de tener claro por qué es posible un pacto para el Parlamento y resulta inalcanzable para el Gobierno. «Son cosas distintas», alega el presidente de Ciudadanos y quizá tenga razón: con el pacto parlamentario consigue dos plazas -¿sillones, quizá?- en la Mesa; con el de Gobierno tendría dificultades para explicar por qué pasa del rechazo a Rajoy a garantizar su presidencia.
Respecto al señor Sánchez, parece que tiene otras dificultades, pero también insuperables para que España tenga un Gobierno, aunque no esté presidido por él. ¡Cómo son estos jóvenes! Desoyen los consejos de sus mayores, como Felipe González, porque quizá les parecen unos señores medio chochos que quieren mojar en política cuando hace años que fueron desalojados. Y tienen una osadía digna de mejor causa: el mismo señor Sánchez que anuncia su no se permite reclamar al candidato Rajoy que haga un Gobierno «conservador, pero no continuista». ¿En nombre de qué hace esa petición? ¿Qué le autoriza a marcar esa exigencia, si su voto anunciado no permite que haya Gobierno ni conservador, ni continuista, ni de la madre que lo parió, como diría Alfonso Guerra?
No me extraña ver al señor Iglesias tan risueño en Al rojo vivo: la negativa socialista al Gobierno del PP abre el camino hacia lo que él llama el Gobierno de progreso; es decir, un Gobierno donde él esté. «Los números salen», repitió cuatro veces, sin recordar que también salían cuando el señor Sánchez le pidió su voto para su investidura y el señor Iglesias se lo negó. ¡Ah! Es que entonces Sánchez había pactado con Rivera y eso era demasiada derecha para quien quiere cambiar este país a base de progresismo, del que Iglesias tiene la patente.
Así andan de entretenidos nuestros dirigentes. Deben de pasar noches sin dormir, dándole al coco a ver cómo visten sus santos de abstenciones y negativas y que parezca que lo hacen por interés nacional. Lo cierto después de tanto ingenio derrochado es que lo oído ayer nos lleva de cabeza a las terceras elecciones, aunque ellos juran por sus muertos que las evitarán. Con lo cual, deseo equivocarme otra vez, pero la constitución de las Cortes que hoy veremos será una pura representación. Una más.