¿Cuánto hace que el paro y los parados están desaparecidos del debate público español? ¿Cuánto que no se discute entre los partidos y sus líderes sobre las reformas que deberían adoptarse para superar la asfixia del pequeño comercio, mejorar la educación, garantizar la sostenibilidad de nuestro excelente sistema sanitario o impulsar la modernización de las relaciones laborales con el fin de favorecer la producción y exportaciones, manteniendo al tiempo los derechos de los trabajadores? Son solo algunos ejemplos, que podrían, claro está, multiplicarse, pues hace mucho que nuestra vida política está enclaustrada en un desatino estéril y suicida: el que enfrenta al PSOE y Ciudadanos con el Gobierno en funciones y el PP.
Estéril y suicida, sí, por una sencillísima razón: porque, por decisión de Sánchez y Rivera, ese enfrentamiento, lejos de centrarse en cómo resolver los problemas de los que depende el futuro del país, según sucede en todos los sistemas democráticos, lleva más de medio año dando vueltas en torno a sí mismo: cómo superar la estrategia de bloqueo que, en defensa de los exclusivos intereses de sus organizaciones y sus líderes, han diseñado el PSOE y Ciudadanos con el objetivo de evitar que en España llegue a formar Gobierno quien en diciembre del 2015 y junio del 2016 ganó las elecciones.
Tal diseño se concretó hace seis meses en un pacto disparatado: el que Sánchez y Rivera firmaron con la enloquecida pretensión de que el ganador de los comicios hiciese presidente a quien había obtenido en ellos ¡33 escaños menos! Ahora, medio año después, esos mismos líderes, que han visto cómo los electores castigaban con dureza su pasada estrategia de bloqueo, se dedican a tirarse la pelota el uno al otro, con idéntico objetivo: evitar nuevamente que Rajoy sea presidente, lo que supone, si no cambian de postura, que habrá que ir a unas terceras elecciones que convertirían a España en el hazmerreír del mundo entero. Un Rajoy, hay que subrayarlo, que les ha vuelto a ganar con mucha más autoridad que hace medio año: en diciembre el PP tenía 7 escaños menos que la suma del PSOE y Ciudadanos; ahora tiene 20 escaños más.
Pero al PSOE y Ciudadanos, a Sánchez y Rivera, todo eso les da igual, pues ellos están solo a lo suyo: Sánchez, que sabe que ya no será presidente, quiere vengarse de quien lo ha derrotado por dos veces, la segunda dejándolo en un ridículo espantoso; Rivera, convertido en diciembre en tonto útil del PSOE, busca ahora cómo salir del lío al que lo han llevado su mala cabeza, su oportunismo y su soberbia.
¿Y los ciudadanos? Pues los sufridos ciudadanos contemplando atónitos cómo han desaparecido desde hace muchos meses de una política donde ya no se habla de los problemas del país -es decir, de los problemas de los españoles que pagamos todo este disparate-, sino solo de cómo unos tratan de formar el Gobierno que debería resolverlos y otros intentan por todos los medios que no se constituya. En eso consiste hoy la política española: la más baja, cutre, egoísta e irresponsable que hemos vivido desde la recuperación en 1977 de las instituciones democráticas.