Sariego

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

Sariego. El nombre de un pequeño municipio asturiano se ha convertido en el grito de guerra de la resaca electoral. ¡Sariego! braman en las redes sociales a los que se les ha atragantado el resultado. Sariego. El argumento definitivo para demostrar que el sorpasso que se tornó en sorpresa obedece a un complot. Sariego. Un concejo en el Camino de Santiago con apenas 1.100 electores. Sariego se ha convertido en el clavo ardiendo de aquellos que aún no han podido digerir ese suflé cocinado en las encuestas que se hundió en cuanto comenzó el recuento. Sariego. Ese ayuntamiento donde 113 votos de Unidos Podemos acabaron en la saca de otro partido. Y, de pronto, toda España es Sariego. Hay miles de miembros de mesas electorales conchabados con interventores, apoderados, policía, el servicio de Correos, la empresa encargada del recuento, el ministro del Interior y hasta Marcelo, su ángel de la guarda, que han conseguido hacer desaparecer un millón de votos. Al principio fue el censo. Los datos no cuadraban. Pero hubo alguien que mentó al CERA. Allí había 1,9 millones de votantes. Se acabó el complot. O no. Porque entonces empezaron a gritar Sariego. Sariego y sus 113 votos. Pero 113 votos no hacen un escaño. Así que la culpa es de un malvado ordenador que le quita votos a Podemos. Da igual que hasta Pablo Iglesias diga que no hay fraude. Contra los resultados indigestos ¡Sariego!