Rajoy también debe cambiar

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

De repente, como por arte de magia, no desaparecen la corrupción a gran escala, la desigualdad galopante, la sangrante exclusión social, los trabajos precarios y muy mal pagados, el desempleo récord en Europa, la creciente desprotección de los parados, la aberrante ley mordaza, la impuesta ley de educación, el vaciado de la hucha de las pensiones (el último, de otros 8.700 millones, anunciado cinco días después de las elecciones) o las maniobras del ministro Jorge Fernández Díaz contra los adversarios políticos. Mariano Rajoy ha ganado las elecciones, pero eso no supone borrón y cuenta nueva. Sería un craso error que cayera en el triunfalismo. Porque no hay que olvidar que dos de cada tres electores han votado en su contra. Incluso un partido afín como es Ciudadanos pidió y continúa pidiendo su cabeza. Rajoy debe ser presidente. El mandato de las urnas ha sido claro. Pero también le han dicho que se acabó gobernar como lo ha hecho, aplicando el rodillo, sin consensuar nada, tolerando la corrupción, con nula sensibilidad social. Los españoles no le han dado un cheque en blanco y tanto el PSOE como Ciudadanos están obligados a exigirle los cambios por los que han votado una gran mayoría. Rajoy ha demostrado ser un buen estratega electoral, alentando el voto del miedo y el sorpasso. Hasta Pablo Iglesias se lo tragó. Ahora su reto es ser capaz de cerrar acuerdos y ceder por muy debilitados que haya dejado a sus competidores políticos. Entre otras cosas, porque necesita la abstención del PSOE. Si se mantiene en La Moncloa, y no digamos ya si gobierna en minoría, deberá cambiar obligatoriamente su manera de actuar porque tendrá el Congreso en contra. No lo va a tener nada fácil.