Un panorama endemoniado

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

22 jun 2016 . Actualizado a las 08:56 h.

Si las encuestas no han sido un error descomunal, el futuro es este: el PP ganará las elecciones, pero necesitará el apoyo del PSOE y quizá de Ciudadanos para formar Gobierno. Mariano Rajoy no tiene otra posibilidad de continuar en la Moncloa que lograr ese pacto y por eso vuelve a proponer la gran coalición. Si no la consigue, hará lo mismo que después del 20 de diciembre: no se someterá a una investidura que no pueda ganar. Mientras Rajoy hace esas reflexiones, dirigentes del PSOE, empezando por Sánchez, afirman que no están en este mundo ni en estas urnas para que Rajoy presida el próximo Gobierno. Si nuestros políticos conservan una mínima credibilidad, nos espera el mismo ceremonial de los últimos seis meses, la misma incertidumbre y la misma ausencia de Gobierno efectivo, para terminar en nuevas elecciones. El cachondeo mundial.

La clave del desenlace del bloqueo que vuelve es muy sencilla: todo depende del Partido Socialista, incluso si resulta el gran perdedor de las elecciones. Pedro Sánchez es el árbitro, si sus susanas y elementos adheridos no lo echan a los perros el mismo día 26. El PSOE decidirá si hay Gobierno de Rajoy prolongado, Gobierno de Iglesias o repetición de elecciones. Pero ni Rajoy ni Sánchez ni Rivera hacen nada sustancial para evitarlo. Rajoy sigue identificando socialismo y desastre económico. Sánchez asegura que nunca apoyará a Rajoy, y Rivera pone como condición la cabeza de Rajoy para demostrar capacidad de regeneración.

A cinco días de las urnas, no se puede presentar un panorama peor para los partidos constitucionalistas. Los tres andan a la greña como si no hubiese otro adversario. El PP ataca a Ciudadanos como si del hundimiento de Rivera dependiese la estabilidad de la nación. Y el PSOE, metido en una profunda crisis de identidad, de liderazgo y de base social, está atrapado en una trampa descomunal: si da el Gobierno al PP, traiciona a la izquierda; no puede ni siquiera abstenerse, porque el 73 por ciento de su electorado rechaza cualquier entendimiento con la derecha; no puede colaborar para nada con Rajoy, porque los comunistas y Podemos se quedarían con la exclusiva progresista; y no puede regalar el Gobierno a Pablo Iglesias con una coalición o con su abstención, porque sería devorado por la realidad que identifica la socialdemocracia con Podemos.

Aparentemente no hay salida. Los discursos de estos días, tan poco templados, dificultan cualquier solución. Espero que, una vez que hablen las urnas, se imponga la lógica y la generosidad. Para ello, el PP tiene que estar dispuesto a aceptar que cometió errores y tiene que dar alguna baza a Ciudadanos y al PSOE. Sin esa concesión no hay acuerdo. Y mucho menos, una coalición.