Por qué Iglesias no será presidente

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Unidos Podemos apela, al igual que el PP, al voto útil. Solo, argumentan, hay dos opciones: Mariano Rajoy o Pablo Iglesias. Falso. El primero lo tiene muy difícil; el segundo no será presidente del Gobierno. Ni siquiera si se confirma el sorpasso. Incluso aunque ganara el 26J. Para serlo necesitaría el apoyo del PSOE, que no puede dárselo. Es impensable que entregue los resortes del Estado a un conglomerado de siglas que defiende el derecho de autodeterminación, tiene una concepción de la democracia en la que el Gobierno da órdenes a los jueces y cuya política económica se sitúa fuera de los marcos de la Europa del euro. Por no hablar de la nula fiabilidad de Iglesias, cuyo ejercicio de travestismo y camuflaje políticos será estudiado en las universidades de todo el mundo. Después de tal mareo ideológico ha llegado a la síntesis perfecta: corazón, sonrisa e Ikea. La nada con diseño. De comunista declarado y chavista devoto a nuevo socialdemócrata en tiempo récord. Capaz de declararse patriota al tiempo que abre la puerta a que Cataluña, el País Vasco y Galicia se vayan de España. De considerar que Zapatero no estaba a la altura de Felipe González a dedicarle loas envenenadas. Por cierto, el ex presidente debería aclarar a los votantes socialistas qué clase de consejos da a quien ha dejado escrito negro sobre blanco que su objetivo es dirigir toda la «potencia de fuego» contra el PSOE para destruirlo y ahora le tiende la mano teatralmente. ¿Le ha recomendando que no llame asesino a González o que no se ría de Sánchez cuando destaca que su mayor cualidad es ser guapo? Iglesias sabe que esta vez no va a llegar a La Moncloa, pero habrá dado el primer paso, si se cumplen los pronósticos de las encuestas, el ansiado sorpasso de su maestro, Julio Anguita.