La frase «la época de las mayorías absolutas ha pasado» es cierta siempre que se le añada la apostilla «de momento». Pues si no hay duda de que nos enfrentamos a corto plazo a un escenario muy distinto del que hemos conocido -cuatro partidos importantes y no dos, como entre 1977 y el 2015-, es una incógnita, que solo el tiempo terminará por despejar, si ese nuevo sistema de partidos ha venido para quedarse o resultará más o menos pasajero.
No cabe la menor duda, en todo caso, de que el vigente formato cuatripartito ha convertido la política sobre futuros pactos de Gobierno en un tema central de la agenda electoral sobre el que no caben, por tanto, silencios estratégicos, confusiones calculadas o palabrería para incautos. Hay, por eso, una pregunta que resulta decisivo contestar: ¿Es igualmente clara la posición respecto de los pactos de PP, UP, PSOE y C?s? Ni de lejos. Los dos primeros hablan con toda la claridad posible antes de que se abran las urnas y los dos últimos con la manifiesta voluntad de engatusar al cuerpo electoral.
La posición del Rajoy es transparente: si gana, como indican todas las encuestas, intentará formar un Gobierno de amplia coalición con el PSOE, Gobierno en el que también debería participar el partido de Rivera. Y si, llegado el caso, Sánchez sigue empecinado en su no rotundo a tal opción, lo intentaría solo con Rivera si PP y C?s suman una mayoría suficiente. Igual de explícita es la postura que mantiene Pablo Iglesias, según la explicó en menos de dos minutos al final del debate de este lunes: intentará pactar con los socialistas, exigiendo para él la presidencia del Gobierno, si UP aventaja al PSOE en número de votos, y apoyando que Sánchez entre en la Moncloa, si la correlación de fuerzas beneficiara a los del puño y la rosa.
Frente a la claridad de ambos candidatos, que entiende hasta el más lerdo, en el PSOE y el C?s todo son subterfugios, logomaquia y escapismos. Sánchez, que afirma que no apoyará nunca al PP, no explica qué hará si de él depende que sea presidente Rajoy o lo sea Iglesias: antes de ayer vimos cómo se refugiaba en una verdadera madeja de palabras para no contestar a una pregunta esencial, que se estarán haciendo, legítimamente, cientos de miles de votantes socialistas: si, de quedar tercero, apoyará o no la candidatura de Iglesias para la presidencia del Gobierno. El caso de Rivera es peculiar porque ya incumplió, tras los pasados comicios, lo que entonces había prometido durante la campaña electoral: que su partido apoyaría a la lista más votada, lo que a todas luces no ocurrió salvo que para Rivera 90 (los diputados del PSOE) sean más que 123 (los del PP). El líder de C?s sigue ahora con su calculada ambigüedad para pescar votos en todos los caladeros y hacer luego con ellos lo que más le convenga a él y a su partido.
Los votantes tenemos derecho a saber qué van a hacer nuestros líderes políticos con el apoyo que reciban, pues ese es un elemento esencial en la decisión de nuestro voto y, por tanto, de una democracia limpia y respetuosa con la soberanía popular.
la campaña del 26j