Rajoy (vestido de Rajoy) cada vez se parece más a un cuadro del Greco. Estilizado, de perfil, esas tonalidades borrosas, en fuga, espirituales o espirituosas («Me gusta el vino»). Hacia el cielo, sin terminar de irse. Pablo Iglesias (camisa blanca, sin americana) quiere ser la chica de La libertad guiando al pueblo de Delacroix, pero a veces se queda en Gericault y La balsa de la Medusa (solo sumó el millón de IU cuando le salieron las cuentas y los cuentos). Con Rivera (traje azul, camisa blanca, sin corbata) no puedo. Esa pinta de cuñao. De yerno perfecto. Es como esas sonrosadas Inmaculadas de Murillo levitando. Y al cuarto (ojo, los cuatro se tenían que haber ido para casa por fracasar en la minilegislatura) no le encuentro cuadro. Este Sánchez (traje con corbata roja) no tiene ni quién le pinte. Tal vez en La rendición de Breda entregando las llaves de Ferraz el lunes 27 a un fantasma. Veo el ¿debate? a cuatro y falta el BNG. Bipartidismo rancio o bipartidismo efervescente parece que es el menú obligado, también en Galicia. Cataluña, el País Vasco y Canarias sí que saben negociar con sus grupos parlamentarios y partidos. La primera en la frente estuvo en que el debate decisivo empezó con retraso. Un país serio. La primera diferencia, en que Rajoy estaba presente y sin el Marca debajo del brazo. Al fin. Una clave: falta mucho para votar y este monólogo a cuatro caerá en el olvido. Rajoy estuvo muy por encima de Soraya. Sánchez, tenso, agresivo, como sangrando por todas partes y por Andalucía. Rivera, blablablá. E Iglesias, en plan soy profesor y sin citar a Galicia, claro. En el round inicial triunfó Rajoy, un España-Malta. En el segundo asalto no hubo asaltos: cada uno tocó su música. Y a partir del tercero... el club de la comedia, un guiriguay. ¿Debate a cuatro en la cuarta economía de la zona euro (dato más repetido, que no se lo digan más a un parado)? Cuatro monólogos, cuatro recitadores, cuatro mítines, con algún lanzamiento de puñales (grave con la corrupción). Pero el debate lo ganó Iniesta de mi vida. Solo se escuchan a sí mismos.