Debate correcto, efecto electoral dudoso

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

14 jun 2016 . Actualizado a las 08:33 h.

Lo había dicho Luis de Guindos en el debate sobre economía: «Aquí estoy, frente a una especie de tripartito». Lo mismo pudo decir Rajoy en el primer round del debate de anoche: mientras él hacía un resumen de sus enormes esfuerzos y en sus cuatro años de Gobierno, el «tripartito» de Sánchez, Iglesias y Rivera presentaba «una visión bastante triste de país». Era lo que se podía esperar: todos los aspirantes al poder contra el titular del poder. Y algo también previsible: frente a la España resucitada y próspera del PP, una España empobrecida, injusta, de salarios míseros y contratos basura. Y había datos para justificarlo todo. Era como un resumen de la legislatura y de los contenidos de prensa de cuatro años con alguna promesa de futuro. Gracias a Dios y a los gabinetes técnicos, todos tienen alguna idea para prometer.

Después se fueron haciendo las parejas teóricas. Había una de izquierdas, la de Sánchez e Iglesias, pero el dominio del de Podemos fue contundente: discutibles o no, puso más datos sobre la mesa, fue más duro en la exigencia social y cumplió con lo que le pedía su audiencia: presentar un futuro dichoso, de riqueza bien repartida, libre de defraudadores y, naturalmente, presidido por él. Ante su contundencia, la figura de Sánchez se diluía. Estaba tranquilo, intentaba transmitir seguridad, pero no creo que haya cambiado el signo de las encuestas.

La teórica pareja de derechas estaba formada por las dos erres: Rajoy y Rivera. El de Ciudadanos quiso marcar distancia, sobre todo con Pablo Iglesias y le echó en cara recuerdos de Grecia. Fue el auténtico anti-Podemos. Descalificó a Rajoy, pero no para desmontar todo lo que hizo, sino para corregirlo. En eso consiste la moderación. Se había preparado mejor que en el debate de diciembre. Pero Rajoy no terminó de dejarse querer. Ni por Rivera, ni por nadie. Volvió a repetir, cómo no, que a gobernar hay que ir aprendido y no a hacer experimentos. Ahí incluye a todos, cualquiera que sea su ideología.

Ha sido un debate decente. Hoy, en primera mirada, lo resumo así: no tendrá mucha incidencia en el voto porque, faltando trece días para las urnas, el día 26 se habrán olvidado los aciertos y los errores. Por personajes, Rajoy ha sido el esfuerzo por demostrar conocimiento y experiencia. Sánchez ha sido la voluntad de derogarlo todo, que ignoro a cuántos votantes seducirá. Rivera intentó ser la tercera vía, y quizá no haya ganado votos, pero tampoco los perdió. E Iglesias ha sido lo que quiere ser: el jogo bonito, esforzado en hablar como presidente. No se puso corbata; se puso la piel de cordero. Y lo sustancial: no hubo compromiso firme de evitar unas terceras elecciones. Me temo que ese sea el destino.