Si los ciudadanos votamos el día próximo día 26 como dice la encuesta del CIS, el panorama político sería: primero, apasionante; segundo, alarmante; y tercero, difícil de gestionar. A partir de estas tres percepciones, pongan ustedes los calificativos que quieran, que todos pueden ser acertados. Por mi parte, solo un mínimo prólogo: confío poco en el acierto de la encuesta. Y confío poco, porque ofrece datos difíciles de creer: que el PP haya perdido votos y escaños desde el 20 de diciembre; que el medio punto perdido por el PSOE se transforme en la pérdida de una decena de escaños por muchos prodigios que haga la ley D?Hont; que Unidos Podemos tenga ahora mismo más voto directo que el Partido Popular, y que el porcentaje de indecisos supere el treinta por ciento. Si esto último es verdad, todo puede ocurrir todavía: por ejemplo, que alguien alcance la mayoría absoluta.
Pero lo que hoy tenemos es el pronóstico del CIS, que para muchos es la Biblia. Dije que, si el barómetro se cumple, el panorama es apasionante porque muestra un país que ha dado un vuelco político. La izquierda confirma la fortaleza que había empezado a mostrar en diciembre y puede hacerse con el poder si logra un entendimiento en forma de coalición o de pacto de legislatura. La única forma de evitarlo sería la gran coalición, difícil de aceptar por la militancia del Partido Socialista. Tendría que haber un gran odio (o un gran miedo) a Podemos para que entregue el poder a la derecha.
Es alarmante porque, si algo confirma el sondeo, es que cambió el signo del bipartidismo y no para bien. Hay un gran electorado que abandonó la moderación y prefiere una alternativa radical. Cuando eso ocurre, es que hay un gran descontento social. Hay mucha gente que ya no se conforma con cambiar al gobierno por su alternativa tradicional, sino que quiere soluciones más drásticas, sin pararse a pensar si son factibles o le convienen al país. Este sí que es el voto de la indignación.
Y sería un panorama difícil de gestionar porque, a pesar de las grandes diferencias, estamos ante un empate virtual entre los tres grandes, PP, PSOE y el conglomerado de Podemos, con un papel de bisagra de Ciudadanos, insuficiente para dar el poder a Rajoy o a Sánchez. Un resultado así nos situaría otra vez ante la posibilidad de tener que repetir elecciones. El PP pierde autoridad para exigir la presidencia y el PSOE y Podemos no la tienen por insuficiencia de cada uno.
Son primeras impresiones. ¿Y la esperanza? Que vuelva a ocurrir lo de diciembre: que la mayoría decida su voto en la última semana. En situaciones como la actual, es cuando funcionan el miedo y el realismo. Creo que va a ocurrir. Tiene que ocurrir, pero ignoro a favor de quién.